La imagen de “hombre bueno” que tiene hoy en día Manny “Pac-Man” Pacquiao, campeón wélter de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), no estuvo tan limpia en el pasado.
El beber alcohol en exceso, gastar mucho dinero en casinos y practicar constantemente la infidelidad eran algunas de las acciones que estaban acabando con la vida del peleador filipino.

Y tras esto, en 2012, Pacquiao decidió darle un giro a su vida cerrándoles la puerta a todas las tentaciones que se le habían presentado al ser un deportista famoso y aceptando y amando a Dios con todo su cuerpo, mente, alma y corazón.
“Me di cuenta de que antes era una persona débil. Si me hubiera muerto el pasado año, creo que mi alma habría ido al infierno. Tenía fe, pero estaba haciendo cosas que iban en contra de los deseos de Dios. Todas las cosas que amaba y que me gustaban eran las mismas cosas que para Dios resultan detestables. Era un pecador”, expresó Pacquiao a diferentes medios de comunicación.
El cambio
Al igual como se narra en el Antiguo Testamento, Pacquiao comentó que Dios se le apareció en un sueño y que eso le hizo cambiar de vida.
“Estaba en un bosque, una fuerte luz se dirigió a mi cuerpo y una voz me preguntó: ‘¿Dónde estás? ¿Por qué me has abandonado?’”, afirmó Pacquiao, quien explicó que estaba llorando en el sueño y de un momento a otro despertó de golpe con la almohada mojada por sus lágrimas.
Y según cuenta Jeric Soriano, consejero espiritual del boxeador, tras este encuentro con Dios, Pacquiao se convirtió en “un hombre de Dios, que ama a Dios en su corazón”.
Soriano también apuntó que el propio boxeador le reconoció que sentía que estaba desperdiciando su fortuna en vicios que no le hacían feliz.
Ahora, Pacquiao lleva una vida plena y llena de alegría, lejos de vicios, tomado de la mano de su esposa Jinkee y sus cinco hijos, Jimuel, Michael, Princess, Queen e Israel, quien hace poco cumplió su primer año.
A sus 36 años, el “Pac-Man” invierte gran parte de su tiempo estudiando la Biblia y entendiendo los mandatos que dejó Jesucristo.
Además, Pacquiao sueña con convertirse en pastor y está construyendo un lugar de culto de 6 mil metros cuadrados en General Santos, su lugar de origen en el sur de Filipinas, como monumento a su renacimiento religioso.
“Pac-Man” nunca ha negado su fe y hasta comentó en la última conferencia de prensa de su combate de mañana contra Floyd Mayweather Jr. que quiere sentarse y compartir sus creencias religiosas con el pugilista estadounidense.