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El difunto renuente


“Fe empirista. No somos ni seremos.

Todo nuestro vivir es emprestado

Nada trajimos, nada llevaremos”.

 

Antonio Machado (1875-1939)

Q uizás lo presentí, por eso dejé claramente establecido que no me incineraran, que quería una misa de cuerpo presente. Eso fue hace tiempo, lo bueno fue que se acordaron. No siempre se cumplen los deseos del difunto, como ya no habla el pobre, se creen con derecho a torcer sus ideas.

¡Hacía un calor tremendo!, y el olor de los cirios no ayudaba. Tanto silencio termina por irritarlo a uno. ¿A quién se le ocurrió que ya quería descansar en paz, que ya quería irme? ¡Nunca se lo preguntan a nadie! ¿Ignoran quizás que hasta las células codician uno y otro y otro amanecer?

 

De repente, decidí que no, que no me moriría. Levanté un brazo del féretro, después el otro, me impulsé hacia fuera y allí estaba, parado frente a todos. Primero fue la corredera, luego el silencio. No quedó un alma, ni el cura.

Llegué hasta la puerta principal de la iglesia, ¿adónde ir? La preguntita vino a complicar el asunto. En un libro del Registro Civil dice que no existo, que fallecí. Ni pensar en tocarle la puerta a la Tere, entonces la que se muere es ella. ¿Y cómo consigo dinero?, ¿cómo busco trabajo?, ¿qué pondría en la hoja de vida? Muerto el día... No, no creo que entiendan.

Ya lo veo todo claro –no es que esté conforme, pero lo asumo. La muerte no tiene orillas, lo abarca todo, es tan basta como la vida cuando aún la tienes, así que doy media vuelta y regreso al ataúd. Estiro el traje y me acomodo la corbata como borrando lo ocurrido, luego, me acuesto... de nuevo.


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723973
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América