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El dolor y alegría de una campeona

Los “guetos” de Colón y San Miguel, en la Ciudad de Panamá, influyeron en la formación de la primera etapa de su vida, y esas mismas vivencias le dieron fuerza para realizar su transformación.


Desde niña le tocó pelear y todavía sigue en pleitos constantes contra las burlas, discriminaciones y el rechazo de una nación, con tradición boxística, que no se atreve a llamarla por lo que en realidad es... ¡Campeona!

Ana Pascal asume, tras una década de espera, la más importante y peligrosa pelea de su carrera cuando pasado mañana se mida a la francesa Anne Sophie Mathis, en duelo de campeonas superligeras, con juego de cuatro fajines globales, donde destacan los de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

"Tuve que esperar bastante para tener una gran pelea, pero mi fe en Dios me indica que la espera será recompensada, porque en la vida las cosas no se dan cuando uno quiere, sino cuando realmente deben darse", indicó Pascal, con sus típicos ojos saltones y su ánimo al hablar de boxeo.

 

"Dinamita" Pascal pretende vencer a una rival, que al lado de ella parece la misma Torre Eiffel y que tiene además la ventaja de pelear en territorio francés, en Metz, localidad de la frontera franco-alemana.

Pero esto lo sabe Pascal y la verdad le importa poco, porque su mente está enfocada en cumplir con las promesas realizadas a los seres que ama y aprecia, en especial su madre fallecida, Virginia, que es siempre la principal fuerza y motor de sus motivaciones.

Dureza.
Ana tiene un físico que intimida por su aspecto masculino, pero tal forma no es más que la escultura que una vida dura le brindó.

 

"Dinamita" nació en un barrio pobre de Colón y de niña ayudaba a la familia vendiendo mangos y recogiendo cangrejos. Su papá fue el primero en soñar con un tinglado, pero terminó de entrenador.

Al salir de la escuela, Pascal se iba al gimnasio donde él trabajaba. Pasaba sus horas peleando contra un saco de arena.

La primera vez que le pegó a alguien fue a una niña del barrio que la molestaba. Luego siguió peleando con niños y a todos los vencía.

 

A su mamá le llegaban las noticias: "Doña Virginia, Ana está dándose puño en la calle". No la regañaba. A sus padres les gustaba que peleara. Los ídolos de su mamá eran Muhammad Alí y Roberto "Mano de Piedra" Durán.

De adolescente, Pascal viajó con su familia a Estados Unidos, "a tratar de mejorar la vida". En Brooklyn, Nueva York, entró a la delincuencia. Consiguió un revólver y se dedicó a robar.

Pascal disparó varias veces, pero nunca mató a nadie y fue encarcelada por robo a mano armada.

 

El tiempo en prisión lo usó para fortalecer su cuerpo. Peleaba con los guardias y con las presas.

"Nunca me ha gustado el abuso. Si veía que se la estaban montando a una compañera, yo la defendía. A muchas les rompí la cara", expresó Pascal, quien soportó días enteros en celdas de castigo y los psicólogos le recetaron medicinas que se negó a tomar. Bajaba la agresividad con el ejercicio. "Agotaba mi cuerpo para poder dormir".

En 1997 su madre murió. Ese mismo año, Ana decidió ser boxeadora profesional. Como señal de duelo por su mamá, cortó el estilo "afro" que usaba y desde entonces mantiene su cabeza rapada. "Se lo ofrecí a ella", dice. También le prometió ser campeona mundial.

Desde ese momento, surgió una nueva Ana, una que prefiere mostrar la nobleza del ser humano.

Belleza.
"Hola, mi cielo, si chichí voy a pelear, voy lejos, pero te prometo ganar y enseñarte la corona", así se despide por teléfono Ana de una niña a quien aprecia y cuida.

Y es que Pascal dentro de todo es tierna, aunque en lo sentimental su vida es complicada.

Ana no habla del amor y lo más reciente sobre los sentimientos de Ana son un ataque que casi le cuesta la vida, en el 2006.

Los médicos dijeron en ese momento que cualquiera persona con ese tipo de heridas estaría en estado grave y con lesiones duraderas. Ana se recuperó en una semana y luego hiló tres triunfos sobre ensogados colombianos.

Soledad.
"Muchos siguen a Pascal por admiración o morbo, pero lo innegable es que es una figura continental del pugilismo", así escribió el periodista colombiano Kevin Bello, tras un triunfo vibrante de Ana en Valledupar.

Admiración y morbo, de esto es consciente Pascal.

"Estoy feliz porque mi presencia ha ayudado a que crezca el boxeo femenino en Panamá, donde muchas boxeadoras me admiran, pero soy consciente de que otros me menosprecian y hubiesen querido que me retirada hace años, con ellos soy tolerante", indicó Pascal, quien con algo de tristeza reconoció que hasta hace algunos meses se sintió sola.

"Iba a pelear título mundial y nadie venía a verme, pero de pronto aparecieron los medios y como siempre, ayudaron a dar a conocer la noticia, ahora todos saben", expresó Pascal, de 43 años, aunque como buena mujer dice que tiene 39.

Más allá del resultado, Pascal subirá al cuadrilátero del Palacios de los Deportes de St. Symphorien con la frente en alto por ser toda una campeona que decidió transformar su vida en un ejemplo de fortaleza y amor.


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376455
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América