Una decisión salomónica, aunque de implicaciones peligrosas, se tomó el sábado pasado cuando Hadid Haldar, jinete del caballo ganador de la cuarta carrera (Pemaquid), regresó al repeso con dos libras por debajo de la cantidad acordada.
El Cuerpo de Comisarios, en estricto apego al Reglamento de Carreras, “descalificó” a Pemaquid y dio instrucciones para que se ordenara el resultado oficial con el pago a las combinaciones que salieron favorecidas tras la descalificación.
Instigado, por no sabemos quién, un grupo considerable de apostadores se lanzó a la pista de carreras, situación que empujó a la administración del hipódromo a tomar la decisión salomónica de pagar el resultado con la descalificación y asumir, además, el pago de los dividendos a los quejosos.
La decisión sirvió para apagar el fuego y que las carreras siguieran realizándose. Pero ese es el menor de los problemas.
Lo que se impone es investigar qué está sucediendo en el área del paddock, con el manejo de los aperos de cada jinete y qué están haciendo los jueces responsables de las áreas respectivas. También hay que vigilar de cerca a los jinetes y sus asistentes.
La investigación no debe terminar hasta que no se deslinden responsabilidades y una vez llegado a ese punto, se impone aplicar sanciones rigurosas, tanto en la esfera hípica, como interponer las denuncias correspondientes en la justicia ordinaria.
El problema no se resuelve con los apostadores cerrando la pista por un lado y la empresa pagando dividendos extras, por el otro. Son las sanciones enérgicas y la actualización del reglamento el único camino para no perjudicar al público y poner en cintura a los avivatos.