Si hay algo que se nos debe reconocer en el mundo hípico, después de más de 20 años como periodista dedicado a esa materia, es que tenemos un alto porcentaje de efectividad en nuestros pronósticos. En nuestra entrega anterior, les vaticinamos cuál sería el tema y la reacción que causaría nuestro análisis, y no fallamos.
Un amigo nos llamó cerca del mediodía del viernes para advertirnos que, en algún rincón de las ondas hertzianas, un par de mentes y bocas llenas de contenidos escatológicos hacían referencia a nosotros en no muy buenos términos.
Es que así son los títeres. Ellos se mueven, hablan y actúan según lo dispone la mente superior que los maneja, tal como lo hemos demostrado cada vez que se nos antoja robarles la calma.
Nuestros títeres ahora se ocupan de seguir nuestros pasos. De ver dónde nos sentamos, con quién y qué hacemos. Cada lunes, miércoles y viernes, corren afanosamente a comprar el diario o a pedir una copia del Fuetazo en la oficina de Relaciones Públicas para leer qué nueva verdad le espetamos en la cara. !Qué fáciles son de manipular!
Su agenda de temas la imponemos nosotros, hablan sobre lo que nosotros queremos y se desnudan justamente como nosotros queremos. Cada vez que abren la boca se entierran más, pero no aprenden la lección.
A decir verdad, y para hacerle caso a nuestro amigo, vamos a descansar un rato porque no podemos seguir gastando pólvora en gallinazos. Hay asuntos más relevantes sobre los que debemos hablar y que son precisamente los temas que a muchos no les conviene que abordemos.
A propósito, son necesarios más de dos badulaques para poner contra las cuerdas a un peso pesado de la pluma como nosotros. ¿Cómo les quedó el ojo?