Es cierto. En Panamá y, quizás en todo el mundo, paga más y mejores dividendos patear un balón de fútbol, que plasmar sobre una hoja de papel un pensamiento bien estructurado y edificante.
También es cierto que, en términos de espacio y difusión, quienes gustan de las actividades que alimentan y llenan el espíritu más que los bolsillos, tienen menos espacio del que merecen.
Pero no todo es malo ni está perdido. A diario recibimos en las redacciones de los diarios, mensajes por diferentes medios, que nos alertan sobre un sinnúmero de actividades como exposiciones, presentaciones de libros y obras de todo tipo, que son señales inequívocas de que algo está pasando.
A quienes nos expresan sus inquietudes en esa dirección, les dejamos las puertas y las páginas abiertas para que hagan sentir su necesidad de comunicar esas actividades, puesto que los mejores promotores son quienes ya están inmersos en ese mundo infinito de letras, colores y pensamientos.
El vehículo ya está fabricado, el chófer está listo y solo estamos en espera que sigan llegando los viajeros para salir camino a conquistar el mundo.