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El escritor debe aprender a perder el control (2)


Hace dos semanas, hablé de los dos pasos de la creación: la etapa de la luna y la del sol. Lo cierto es que no podremos aprovechar la sapiencia de la luna, si no nos atrevemos a salir de nuestra área de comodidad. Con los siguientes ejemplos, deseo mostrar por qué. Los ejemplos, como debes haber notado, pertenecen a mi propia vida.

Control. Tercer ejemplo.

En 1994, comencé a seguir a una mujer hasta que una mañana, desperté casado. Cuando tomé conciencia de ello, me propuse prospectar cómo sería mi vida e ir cumpliendo esa promesa sin fallar. Mi mujer debía, de ese momento en adelante, obedecer mis órdenes al pie de la letra. No tendríamos ningún hijo y yo contaría con innumerables espacios para entregarme a la reflexión y a la literatura. Hoy cuento con solo algunos minutos de calma diarios y una hermosa niña reclama, no solo mi tiempo, sino mi atención. La realidad superó la mejor de mis ficciones…

 

Pero no cambiaría ese hecho por nada del mundo.

Lo que quiero decir con estos ejemplos es que la vida no se planea, se recorre. Y que por más afanes que pongamos en prever el futuro, seremos superados por las lecciones de la sorpresa.

Del mismo modo, el escritor debe renunciar al control, por lo menos mientras escucha, mientras se deja sorprender. Más que escribir, en un primer momento, el escritor lee: se lee a sí mismo: sus elusivas ideas, esquivas emociones y sueños evanescentes. Abajo un ejercicio para perder el control.

 

Escritura automática: en las primeras décadas del siglo XX, los escritores cuestionaron cuál era la verdadera naturaleza de escribir. Recordemos que acababa de pasar la primera guerra planetaria y tanta barbarie resultó para algunos, incomprensible. Esa no podía ser la naturaleza de la humanidad. De modo que el arte comenzó a cuestionar todas las creencias que se daban por sentadas hasta entonces. Primero surgió una corriente Dadá en Suiza, con el Cabaret Voltaire, y luego esta corriente se convirtió en semilla del Surrealismo de André Breton. Entre las estrategias básicas para cambiar la literatura, estaba la escritura automática, técnica que hoy resumiré en tres pasos aderezada con una sazón personal:

1. Pon una hoja en blanco delante de ti y un cronómetro, listo para iniciar su cuenta, al alcance de tu mano.

2. Acciona el cronómetro y comienza a escribir lo que te venga a la mente.

 

3. Deja de escribir cuando el cronómetro llegue a un minuto.

Eso es. La mente es más lenta que la emoción; por tanto, si queremos salirnos de la cárcel de la mente, debemos escribir lo más rápido posible. De ese modo podemos descubrir los secretos de nuestro inconsciente. En fin, hasta luego. La siguiente semana intentaré justificar por qué me obsesiona la cultura. ¿Listos para otra ponencia leída en tierra cubana?


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663751
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América