Antoine Griezmann cruzaba de niño la frontera todos los días para jugar en la Real Sociedad. De Bayona a San Sebastián soñaba con estar entre los grandes. Su físico no le acompañaba. Pequeño y flaquito. No confió ninguna academia de Francia en su futuro. Error histórico. La Real Sociedad supo ver su talento.
Cuando ayer se puso delante de Neuer, Griezmann enfiló la portería y cruzó el balón con elegancia a la red. El servicio de Fernando Torres, enorme. Los que vieron la final del 74 contra el Bayern de Beckenbauer tuvieron un déjà vu y quisieron ver a Ufarte con el 7 y a Gárate con el 9.
El Atlético de Madrid sabe sufrir. Vive con vértigo dulce en la agonía. Simeone inspira y aspira. Resopla y pierde tallas de pantalón cada partido. Es puro nervio.
Ayer el Atlético de Madrid, con Oblak inmenso, fue fiel a su estilo. El contragolpe fue determinante. Y ahora el club crece en todos los segmentos. Lucha el Atlético contra grandes multinacionales.
El Bayern Múnich se ha ido a la calle con 544 millones de dólares de presupuesto. 102.8 de taquillas, 121.1 derechos de televisión y 319.1 de derechos comerciales. Su tienda online para vender en China y su acuerdo con la televisión pública CCTV, sus nuevas apuestas de facturación.
El Atlético con mucho menos de la mitad, 214.1 millones de presupuesto, 42.2 de taquilla, 98.6 televisión y 72.3 de ingresos comerciales. Todo un mundo. Distancia sideral.
El fútbol afortunadamente no entiende de balances y el Atlético comienza el año que viene con credibilidad. En el campo ya está en la final y peleando la Liga. En las oficinas, el Atlético triunfa con nota. Con una Copa de Europa en el bolsillo, el Atlético daría un salto exponencial. Valor y fe le sobran.