Desde que, el 6 de diciembre de 1882 en Manchester, las cuatro Asociaciones regionales de fútbol del Reino Unido decidieron definir las 17 reglas del popular deporte, y a partir de 1913, cuando se aceptó como miembro a la FIFA, han sido escasas y poco notorias las variantes establecidas al popular reglamento.
Conocida por su antiquísimo nombre, The International Football Association Borrad, la IFAB es la encargada de definir las reglas del balompié a nivel mundial y sus futuras modificaciones.
En su 124.ª reunión, realizada días atrás en Zürich, la tendencia conservadora de la IFAB, triunfó sobre los avances tecnológicos propuestos, a efectos de aclarar, por ejemplo, y servir de ayuda, en los goles que originan polémicas.
Ni el ultramoderno “chip” que habría de establecer cuándo el esférico traspasó la raya de gol, ni el llamado ojo de halcón, o cámara de puerta, con idéntica intención, superaron el examen.
El tercer gol del inglés Geoffrey Hurst, en la final ante los germanos en el Mundial 1966; el codazo intencional de Mauro Tassotti en el de 1994, al español Luis Enrique, que el árbitro Sandor Puhl, no sancionó, pero que el Comité Disciplinario de la FIFA sancionó con ocho partidos; o la “mano de Dios”, de Maradona en el Argentina-Inglaterra en 1986, seguirán siendo simples anécdotas en las discusiones de los aficionados.