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‘El gobierno tiene un estilo de machitos’


Francisco Gómez Nadal salió de Panamá casi por la puerta de atrás, acusado de instigar a los indígenas y señalado por un supuesto problema de faldas. Todo -dice él- es producto del sistema de mentiras permanente que utiliza el gobierno de Ricardo Martinelli para difamar a quienes disienten.

Tras firmar, el 27 de febrero un documento en el que solicitó su “retorno voluntario” y que lo alejó de Panamá por quién sabe cuánto tiempo, Gómez Nadal reconoce que la decisión de deportarlo le “destrozó la vida”. A pesar de ello, sigue lanzando sus dardos periodísticos desde Madrid, España.

 

Al periodista español no se le ha quitado su condición de residente de Panamá, por lo tanto, puede vivir legalmente aquí, pero sobre él pesa una prohibición de entrada y esta semana la carga se hizo más pesada cuando Martinelli , -en respuesta a una solicitud de Human Right Foundation-, dijo que no podía infringir la ley. “Si él quiere regresar, hay que cambiar la ley, porque así no puede regresar al país", dijo el Presidente.

En tanto, Gómez Nadal intenta seguir con sus proyectos a la vez que busca dónde y cómo vivir, alentado “con la estúpida esperanza de que se pueda revertir la situación y pueda volver a casa”, aunque se está convenciendo de que esto va a ser “muy difícil”, por lo menos en los próximos dos años.

 

¿Cómo reaccionó ante esta última declaración del presidente Ricardo Martinelli?

Habría que preguntar qué ley hay que cambiar. No hay ningún tipo de proceso penal abierto en mi contra o de Pilar Chato. No hay ninguna ley que cambiar, simplemente eliminar una decisión arbitraria e irregular como se produjo.

 

¿A pesar de esto seguirá con el proceso legal?

Nosotros pusimos los recursos de reconsideración ante Migración. Próximamente, presentaremos un amparo de garantías ante la decisión de la corregiduría y vamos hasta el final en el sistema judicial panameño, y si lo agotamos sin ninguna respuesta, iremos a la Corte Interamericana de Justicia.

¿Usted pareciera una suerte de enemigo público?

 

Me parece muy triste eso. Me parece que Panamá tiene problemas mucho más graves como para verme a mí como enemigo público. Los que me conocen saben que lo único que he hecho ha sido trabajar en favor del país en los entornos que uno conoce, que son el periodístico y el de los derechos humanos, y es un papel muy incómodo porque con este gobierno la paz social se ha deteriorado terriblemente e imagino que le molesta mi presencia, pero de allí a convertirme en enemigo público, a estigmatizarme por ser extranjero, a someterme a unos discursos terroríficos y una campaña de difamación es otra cosa.

Usted anda con dos togas.
¿Cómo saber que se está ante el periodista o el activista?

No son para nada incompatibles. Yo como periodista en Panamá tengo mi columna semanal en La Prensay como periodista me gano la vida; esa es mi profesión con la que consigo el sustento, no solo en Panamá, sino en otros países. Y como miembro de Human Rights Everywhere estamos identificados, los informes son públicos, no se oculta nada, no hay doble agenda, por tanto, no hay confusión. Yo creo que es preocupante cuando el presidente de la República habla de los activistas de los derechos civiles y humanos como si fuera un delito, es ir en contravía de lo que vive este mundo en donde tiene que haber gente que fiscalice que se estén cumpliendo cabalmente y que se respeten los derechos de la gente. Es cierto que en Panamá no hay ninguna organización internacional de derechos humanos, me imagino que él (el presidente) consiguió su objetivo de que no haya testigos, pero yo creo que, más que a ninguna, a Panamá la va a mirar el mundo porque no se puede ser un paraíso para los negocios y las inversiones sin que haya un mínimo de respeto a los derechos humanos.

¿El gobierno no quiere que haya testigos de qué?

No quiere que haya testigos de los desmanes que ha habido, especialmente en la represión de los movimientos sociales en los últimos meses. Para nadie es un secreto lo que pasó en Changuinola; no hay ni un solo responsable encausado, no hay una investigación oficial que conozcamos, tampoco los medios de comunicación en Panamá le han dado mucho seguimiento, tenemos hostigamiento a líderes, la detención de 200 sindicalistas de un solo golpe. En el caso de los periodistas hemos tenido encarcelamientos, hostigamientos, amenazas y parece que nos hemos olvidado. Se nos olvida que ha habido un retroceso señalado por diferentes organizaciones, no solamente internacionales, sino también en el país. Hay un ocultamiento permanente. La situación en las cárceles, hay una devaluación general de la institucionalidad democrática.

Dice que hay un ataque contra los periodistas, pero le hemos escuchado decir que hay un silencio cómplice.

Yo creo que sí hay periodistas que lo están haciendo y, por supuesto, hay medios, pero el clima de hostigamiento que hay supone un retraimiento de los propios periodistas y de los medios de comunicación, que son dos cosas diferentes. Yo sí creo que hay un clima de cierto temor y eso lo ha denunciado el Sindicato de Periodistas y el Colegio Nacional de Periodistas, y en los medios de comunicación se ha limitado la pluralidad. No es una crítica, es una defensa de los periodistas que están pasando por momentos complicados en Panamá cuando quieren investigar, cuando quieren denunciar o simplemente cuando quieren registrar manifestaciones o diferentes situaciones. Cuando hay tantos ataques por parte del gobierno a los periodistas, recordemos que el presidente habló de 'medios de pacotilla', al final hay una especie de autocensura y es natural, y por eso es tan importante defender en este momento la libertad de expresión.

Hay quienes creen que sus escritos son ofensivos contra Martinelli y el país

Hay que leer mis textos, verán que no hay ninguna injuria u ofensa. Hay crítica dura contra este gobierno, como lo había con el anterior. En caso de que se considere que hay injuria o calumnia, que se me procese para que se determine por parte de un juez. Ya antes, en julio del año pasado, intentaron impedir que entrara al país. Hay que hacerlo bien, si el gobierno considera que he cometido algún delito contra el honor, o contra la seguridad, yo lo que hubiera querido -en lugar de expulsarme- es que se hubiera seguido un proceso en el que tuviera el derecho a una defensa justa.

¿Siente que el problema del respeto a los derechos están en todo el gobierno o es un rasgo personal del presidente?

La estructura constitucional hace de Panamá un país muy presidencialista. El presidente tiene mucho poder. No quisiera pensar que es un problema personal porque sería patético que un presidente se dedique a estas cosas, en lugar de gobernar el país. Yo creo que es un problema de un estilo de gobierno, no solamente del presidente. Allí está el ministro de Seguridad y el de la Presidencia. Es un estilo que yo he calificado de soberbio y de poco respeto. Les molesta la crítica, entonces las reacciones son muy pasionales. Si hay algún problema conmigo -que soy un ciudadano que paga impuestos y que cumplo con las leyes-, que la institucionalidad funcione, que se me investigue, y no ha sido así.

¿Cómo fue el tema de la firma para que saliera del país?

Lo firmé después de una detención indefinida. Era una situación irregular. Consideré que era mucho más prudente para mi seguridad irme del país. Creo que lo razonable sería echar hacia atrás y hacer las cosas bien. Voy a agotar todos los recursos que tenga a la mano porque, obviamente, no solo es un tema legal, a mí me han destrozado la vida de un día para otro. He quedado sin trabajo, sin mis amigos, sin mi casa, sin mis pertenencias, sin todo y, además, me han difamado terriblemente. De mí se ha dicho de todo en los medios de comunicación, gracias al gobierno.

¿Está más tranquilo fuera de Panamá?

Sí, más tranquilo, pero más triste. Tranquilo en cuanto a mi seguridad y no tener represalia por parte del gobierno, obviamente, porque estoy lejos, pero me siento muy frustrado y muy triste. Por otra parte, estoy muy sorprendido de que todo un gobierno haya puesto a sus ministros y a su presidente a difamarme y manchar mi imagen, dándome mucho más poder del que jamás he tenido. Yo jamás he representado una amenaza para ningún gobierno y mucho menos para el de Panamá.

¿Qué posibilidades reales tiene de volver?

Hasta hace poco, pensaba que había una posibilidad. Ahora creo que mientras esté este gobierno, voy a tener que esperar unos años, pero estoy en Panamá de otras maneras: sigo escribiendo mi columna, estoy al tanto de lo que pasa en el país y sigo intentando ayudar. Pero no creo que a corto plazo pueda volver.

¿Ha perdido la esperanza?

No. Pero creo que el gobierno ha hecho de esto un asunto de honor. El gobierno tiene un estilo de ‘machitos’. ¡Esto lo hacemos porque nos da la gana!, e imagino que para ellos dar marcha atrás es como un problema de cobardía y de vergüenza, lo cual creo que es ridículo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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