Deportes

El hombre de la boina

A Raúl E. Vaccaro Cuando la estrellaron contra el muro del cementerio de Amador, sabía que enfrentaba sus últimos segundos. A pesar


Alberto Cabredo (Escritor y abogado) / Escritor y abogado

A Raúl E.
Vaccaro

Cuando la estrellaron contra el muro del cementerio de Amador, sabía que enfrentaba sus últimos segundos. A pesar de luchar con empeño, la noche cubrió con su manto el malogrado cuerpo de aquella «mariposa de las calles».

Mientras el asesino huía, un chico del barrio alcanzó a ver su boina. El susto ahogó su grito y no fue hasta el otro día que recogieron los restos de la popular «María Risitas». Los pocos diarios que publicaron la noticia no dudaron en usar la frase: «Muere asesinada una mujer de la vida alegre».

* * *

—Por aquella época, un homicidio causaba gran conmoción, la vida era otra, más proba y decorosa. Recuerdo que las horas navegaban más tranquilas. Con decirte que en el parque de Santa Ana colocaban un tablero con altavoces por los que se transmitían los juegos de béisbol. Aquel evento era popularísimo. Mientras se sucedían las jugadas, una persona movía entre una base y otra las fichas con los colores de cada equipo. Así se animaba la transmisión de un partido.

Sabes, en aquellos días conocías a todo el mundo y todo el mundo te conocía a ti. Y ninguna fiesta en el barrio empezaba a las diez u once de la noche, como ocurre hoy. A esa hora era que terminaban, hermanito.

Eran otros días, ya te lo dije, tiempos mansos y buenos. Recuerdo que en las tiendas todavía te daban ñapa, no te hagas el que no sabe, te regalaban unas pastillitas en forma de pescadito, o un cartuchito con cofio. A mí me gustaba comer en El Parao, hacían unos emparedados que sabían a gloria. Oye, ¿recuerdas a aquella señora que por la avenida Ancón tenía en la puerta un clavo en el que guindaba la mixtura que iba enroscando y alargando, enroscando y alargando, hasta preparar la melcocha que cortaba y envolvía en papel encerado?, ¡las filas que se formaban para comprar aquello! Y nadie cerraba las puertas de su casa, no era necesario, no

pasaba nada. ¿Qué cosa? Ah, sí, el homicidio. Mira, de alguna manera se supo que el hombre llevaba una boina, pero eso no era gran pista, por aquel entonces todo el mundo llevaba boinas, quizás por eso en Santa Ana la gente empezó a dejar de usarlas, no fuera a pararles

la policía nada más por andar vestido así. En la gallada consideraban que el criminal era un negro. Eso no era raro, por aquel entonces les echaban la culpa de todo, bueno, lamentablemente todavía ocurre. Pero, como decían que «María Risitas» no negaba fuego, pudo ser cualquiera: un gringo, un chino, un negro o cualquier otro.

»¿Que por qué el mote de «María Risitas»? No lo sé, tal vez en medio del lance le daban cosquillas.

Pero no quiero hacer chistes, que eso de burlarse de los muertos trae mala suerte. Aquel asesinato tenía al barrio bien exaltado y temeroso, al anochecer las calles quedaban desiertas, no había mujer que saliera luego de las diez de la noche. La policía tomó como un reto atrapar al hombre de la boina, pero no pudo, ni iba a poder. ¿Que cómo lo sé? Bueno, págame otro trago y te cuento.

»Mira, me contaron que el sujeto resultó ser un individuo recién llegado de La Habana. Casi lo atrapan con las manos en la masa, pero se le escapó a la Policía.

Ahora, la suerte no dura para siempre, huía por las calles cercanas a la cantina Vientos de Venecia cuando lo agarraron unos cuantos vecinos. Contaron que llevaba una boina y que nadie tuvo piedad. A mí no tienes que creerme, pero dicen que cargaron con el pobre hasta

cerca del ferry y que el mar fue su última morada. Eso es lo que contaban por aquella época, decían que en el barrio se hizo justicia expedita. ¡Y yo qué sé!, cómo se te ocurre, yo no estaba allí. Je, je, je, ya te dije que en aquella época yo era un pelao, déjate de hablar pendejadas, que ha pasado mucho tiempo y no quiero líos.


fecha edicion
old id
852256
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América