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El inexorable paso del tiempo

Al igual que todo el mundo, los panameños ya hemos transitado por el ecuador de este año, 2014. La diferencia es que nosotros nos pasamos el primer


Al igual que todo el mundo, los panameños ya hemos transitado por el ecuador de este año, 2014. La diferencia es que nosotros nos pasamos el primer semestre entretenidos por el circo permanente que ocupó nuestra atención, sin que nos diéramos cuenta de que el tiempo se nos iba por el desaguadero.

Pues sí, en cuatro días se nos habrá terminado julio y con ello el séptimo mes. Nos quedan cinco por delante, pero restemos al menos dos que se pierden entre más fiestas, vacaciones, días nacionales y los ‘porque me da la gana’.

Hasta ahora ha sido un año ocupado en nada. El primer cuatrimestre se movió entre la recuperación de la resaca del fin de año, el Carnaval y la campaña electorera. Fue un periodo de desgaste, en el que nuestra atención fue dirigida hacia una pretendida contienda electoral que a la hora de hacer el arqueo final solo nos dejó más de lo mismo.

Quienes pensaron que, independientemente del resultado, al término de la campaña sobrevendría la quietud se equivocaron. Muchos siguen inmersos en ese pantano que nos tiene hasta el cuello y nos impide avistar el horizonte para salir y seguir adelante.

Después de la política llegó el Mundial, cual remanso para un pueblo y un mundo ávidos de excitación, de causas comunes por las cuales cerrarse como un solo puño y, sobre todo, deseos de divertirse y ganar. En eso se nos fue otro mes.

Y no es que el Carnaval sea pernicioso, que la política sea mala ni que fútbol cause indigestión. Todos tienen su razón de ser y constituyen parte de esa capacidad de convivencia colectiva que nos diferencia a los humanos del resto de las especies. Lo que sucede es que no podemos limitar nuestro paso por la vida a actividades que tienen como característica común que solo ofrecen satisfacciones efímeras.

Se acaba el Carnaval y las cuentas siguen ahí; los políticos se acomodan y reacomodan, y las necesidades de la gente siguen intactas, nuestras carencias siguen esperando que nosotros las suplamos y el Mundial pasa mientras muchos no terminan de anotar el gol de su vida, ese que los eleve al sitial en donde tengan capacidad para entender su entorno, dominarlo y no dejarse manipular por él.

Todos nos pasamos repitiendo a cada rato que “cómo pasa el tiempo”. Y es cierto, el tiempo pasa, pero aprovecharlo, sacarle el jugo, está en nosotros. Así que no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy.


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938109
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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