“Y llevan una vida más picante y ligera que perversa” Savater, prólogo a Cartas de Voltaire.
Entrevista a Beli, el ladrón.
Di vueltas hasta que lo encontré cerca de la cantina azul donde venden carne de monte, allá por el puente don Bosco. Es moreno claro, pelo ensortijado y ojos color cerveza Atlas. Atlético, ¿cómo no serlo en su profesión? Lo único que no ha podido robar Beli es su propia libertad. Creo que porque nunca lo ha intentado.
—Quiubo –le digo desde lejos
—¿Quién te crees tú? –me responde a la defensiva– ¿Mahatma Gandhi o Rubén Blades?
—Nada de eso. Soy un hombre con un lápiz.
—No me vengas con frases.
—Sólo quiero entrevistarte. El tuyo es un trabajo como cualquier otro.
—Si afirmas eso, es porque vives en otro planeta. Te diré una verdad: robar no es trabajo, es deporte.
—¿Deporte?
—No dejarse pillar, eso es todo. Hay candados que no debo abrir: el sueño de mis víctimas. Cuando rondo a su lado más les vale no despertar.
—Si te pillan... preso vas a dar.
—¡No agarran a los gordos, van a agarrarme a mí! Mi único jefe es la noche.
—¿Y lo malo?
—El miedo que doy... y que siempre llevo puesto. Ya está bueno, espianta.
—Adiós, Beli.
—Espera, viejo, pilla tu lápiz, ni siquiera tiene borrador.
Patricia, la puta
Los clientes de Patricia la buscan cuando sienten temblores de guerra en el bajo vientre. Sin un disparo, ella silencia los tambores y los hace creer en la paz. La invito a un trago en su sitio de trabajo “La vieja gruta”, el burdel más antiguo de centroamérica.
—Dizque me vas a hacer una entrevista.
—Si lo permites...
—Déjame verte la cara. Creo que más bien te mueres por un abrazo.
—No, Patricia, sólo hacerte un par de preguntas.
—Dale, pues.
—¿Cómo te defines tú misma?
—¿Yo? Yo soy el beso que la vida le regatea a los hombres tristes. Por ejemplo, tú. Sube conmigo y te quito la tristeza.
—No, Patricia, no estoy triste, me duele la rodilla.
— Ven, yo te quito ese dolor. No te hagas...
—Lo siento, yo no compro amor.
—Yo no lo vendo, lo alquilo. Soy una muñeca para jugar. Si subes conmigo y te pones horizontal verás cómo me encargo.
—Permíteme hacerte otra pregunta...
—Déjame hacerte yo una...
—Está bien, dime
—Cuando lo haces, ¿cómo te gusta?
—Normal, Patricia, normal...
—Bueno, si quieres, por unos dólares más seré tu lectora.