HABÍA UNA VEZ un niño de cara tímida.. sumergido en la espesa selva del Darién, que se forjaba lejos de los entarimados.
A más de 300 kilómetros al sur de la capital, la verde provincia darienita se traga a sus habitantes en medio del trabajo y la poca esperanza de progreso.
El pequeño Luis Andrés seguía los pasos de su padre, un leñador fuerte y compacto, y de su madre, una agricultora de manos ásperas y corazón de seda.
Detrás de su padre iba el pequeño.. como aquel cachorro de león que no se queda atrás y enseña su filosos colmillos, como quien muestra una escopeta en cacería de patos. Cada día se hacían los trabajos forzados del campo. Pedían perdón a los árboles, pero debían ser removidos para dar paso a la siembra de arroz, ñame y otros alimentos.
Así creció Luis Andrés Pineda, entre el frío de los caudalosos ríos y el sudor de su frente, producido por el desgarrador "swing" de su filosa hacha.
El hoy clasificado mundial, quien buscará su título ante el ruso Valery Brudov, contó su historia en un entrenamiento realizado en el gimnasio Jesús "Máster" Gómez. Tras cada palabra, tomaba un sorbo de oxígeno, como para tratar de cambiar el pasado. "El trabajo es muy duro.. duro de verdad. A veces tenía que cargar 100 ó 150 libras de ñame en pendientes y bajar algunas veces, pero todo eso es parte de nuestra vida", recordaba el peleador.
La selva no le dio miedo, quizás ahora siente recelo y piense en lo peligroso de su ex hábitat. "Sólo le temo a Dios, porque Él es el que castiga", dijo y saltó en las puntas de su zapatillas, como si una corriente caminara por sus venas, en vez de sangre.
Luis Andrés decide hablar con franqueza y rompe el hielo a nuestras preguntas:
LP: La verdad es que fue hace ya mucho rato. Cuando recién llegué a Panamá, me gustaba ir al desaparecido gimnasio de El Marañón. Siempre me sentaba en las gradas, pero nunca pensé en ser boxeador; sólo asistía por curiosidad; hasta que un día, estaba en mi casa (Curundú) y allí tuve una pelea con dos personas. Saqué la de perder. Me dieron del bueno y me dije que para poder sobrevivir en la calle tenía que aprender a tirar la mano, y eso fue lo que hice.
LP: Cuando llego al gimnasio de El Marañón, me encuentro con Héctor Rangel. Ese señor me aprecia mucho. Primero me puso a entrenar y, en pocas horas, me subió al ring para hacerle frente a un experimentado boxeador. Pasaron los días y recibí puñetes, me sacaron el "moco", como dicen aquí en Panamá. Al tercer día de entrenamientos, le pude pegar al boxeador ese que se divertía conmigo, como si fuera una piñata.
LP: Pienso que Rangel decide entrenarme para que dejara de molestarlo. Él una vez me confesó que me ponía trabajo duro y forzado para que me corriera, pero yo le demostré que quería ser boxeador, y eso soy ahora. (Rangel le acompaña en Francia hoy para su pelea de campeonato).
LP: A los 18 años.
LP: Estuve en la selección de Panamá. Vinieron algunas peleas, y luego, al profesionalismo.
LP: Fue el 31 de agosto de 1996 contra Olegario Cáceres, y gané en 4 asaltos. Ese año, tuve dos peleas más; triunfé ante Armando Sune y Rafael Pino.
LP: Éste es un mundo distinto. En Darién, quedó el esfuerzo, el trabajo pesado y duro, ahora he aprendido que todo lo que se quiere en esta vida se gana; nada es regalado. Tú tienes que ganarte tus cosas a base de esfuerzo, y eso lo aprendí cargando tablones en Darién, derribando árboles y poniendo en mi espalda más de 100 libras de ñame.
LP: Es como un gran amigo; es como un padre, y lo quiero como un padre. Mi padre natural murió en el 2000. Héctor nunca me ha abandonado: en las malas y en las buenas conmigo. Espero que sigamos así y que le saquemos provecho a esta combinación.