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El llanto de Doña Cebolla


El viernes fue un día de muchos homenajes adelantados en instituciones, empresas y centros educativos, por el Día del Padre.

En una escuela de la ciudad capital, estudiantes y docentes organizaron una velada cultural en honor a los padres.

Uno de los padres, al momento de salir con sus hijos rumbo a la actividad, fue traicionado por su organismo. Como uno de los niños tenía que representar el papel de “El espantapájaros” en la obra teatral, la madre los llevó.

Por supuesto que “El espantapájaros” iba triste porque su papá se indispuso, pero sabía que tenía que cumplir con su deber de acompañar al resto del elenco.

 

Pero cuál no sería la sorpresa de “El espantapájaros” cuando al llegar a la escuela, “Dona Cebolla” estaba llorando porque faltaban pocos minutos para salir a escena y su papá no llegaba. Ella iba a actuar especialmente para él, para rendirle tributo, como un homenaje.

Rauda y veloz, la madre de “El espantapájaros” la consoló explicándole que algo similar le sucedió a su hijo. “¡A lo mejor tu papá está metido en un tranque y viene llegando! No llores; te tomaré fotos y se las enviaré por correo”.

-¿De verdad que lo va hacer?- preguntó Doña Cebolla secándose las lágrimas.

 

-Claro- respondió la mamá de “El espantapájaros”.

Pasado el trance, y a punto de la puesta en escena, llegaron los padres de los dos. Es fácil imaginar la alegría de ambos niños.

Ocurrió el viernes y ocurre con frecuencia. Los adultos perdemos la perspectiva de cuán profundos e inmensos son los sentimientos de los niños. Lo que para nosotros tiene poca relevancia, para ellos es un mundo.

 

Por eso, ¡acompañémoslos siempre en sus sueños, en sus aventuras, en sus inocentes travesuras, en su hermoso y fantástico mundo!

No hagamos llorar más a Doña Cebolla ni le causemos tristeza a El espanta- pájaros.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América