Perfil
- Nombre: Lizi Rodríguez
- Profesión: Periodista de profesión.
- Ocupación: Desde el año 2000 edita semanalmente la agenda cultural Infoarte, que se distribuye en formato digital y en noviembre de 2009 empieza como directora del Museo de Arte Contemporáneo
- Otras actividades: Es cantante del conjunto de música renacentista Saltimbanquis y de la agrupación Mujeres como ellas.
La noticia de que finalmente se traspasarán al Instituto Nacional de Cultura, los terrenos que -eventualmente- servirán para la edificación del nuevo Museo de Arte Contemporáneo (MAC) sonó como música para los o ídos de Lizi Rodríguez, directora ejecutiva del único espacio de este tipo dedicado a las artes visuales del país.
Aunque, una vez que obtengan el globo de terreno habrá que gestionar los fondos para la edificación, el hecho de saber que estarán en un punto donde la gente tenga más acceso y el espacio sea suficiente para cumplir con la misión por la que fue creado el MAC hace 30 años, ya es motivo para intensificar el trabajo, sostiene Rodríguez, quien dirige este espacio cultural desde 2009.

Se lamenta de que el crecimiento económico del país no haya llegado a esos lares como debiera, pero reconoce que los patrocinadores y benefactor, aun con la competencia que hay en el mercado, siempre responden.
¿A qué se debe el deseo de trasladar el MAC?

Se debe fundamentalmente a dos razones. Una es que, aunque el edificio parece grande, ya se nos quedó chico. Necesitamos espacio para poder tener una muestra permanente en nuestra colección, particularmente de artistas panameños; además de que hay muchos turistas que quieren ver obras de arte panameñas y a veces no las hay, porque hay momentos en que todo lo que tenemos es extranjero, porque las exposiciones son temporales, entonces tendríamos que tener un espacio fijo para una muestra de artistas panameños. Por otro lado, la ubicación del museo no es la mejor; estamos fuera de la ruta de todo el mundo; aquí la gente que pasa es porque va para su casa, así que quisiéramos tener una ubicación más adecuada.
¿Hay ya una opción a la vista?

La opción que se nos abrió y por la que hemos estado luchando hace tiempo es en el Casco Antiguo. Específicamente en el área en donde están la norias, que es donde estaba la antigua Fuerza Luz en las proximidades de Plaza Herrera.
¿Qué diferencia habría en cuanto a dimensiones con el sitio actual?

Son cuatro pisos. Ya tenemos las maquetas, en las que está muy claro lo que queremos hacer. Ese terreno tiene un área de manglar cerca, entonces se van a hacer caminos entre los manglares. También queremos hacer un jardín de esculturas y que el museo tenga un área de vidrio para que desde afuera se pueda ver algo de lo que tenemos en exhibición.
¿En qué forma incidirá ese traslado en el interés hacia el museo y el arte en general?

Este es un proceso. No es algo que se logra de un día para otro; nosotros hemos venido luchando en este lugar, tratando de transmitirle a la gente que el mueso tiene cosas interesantes. También hay una ventaja en el hecho de que tengamos muestras temporales y es que siempre hay algo nuevo. Tenemos propuestas diferentes e interesantes.
¿Cuánto habrá que esperar entre el momento que le cedan los terrenos y la construcción del nuevo museo?
Eso depende de cuánto dinero podamos conseguir. Estamos hablando como de 10 millones de dólares.
Entonces, ¿puede que demore?
Sí, puede demorar. Pero estamos muy contentos con este paso porque fueron muchos años de luchas para lograrlo y contar con ese terreno, y sentimos como que ya podemos poner la primera piedra y seguir adelante con este sueño.
El MAC tiene casi 30 años.
Si tuviera que señalar el principal aporte, ¿cuál destacaría?
Es el único museo de artes visuales que hay en Panamá, eso es algo que en cualquier país del mundo tiene que existir. Un museo así es indispensable en cualquier nación que se considere culta. Nosotros estamos trabajando para ser cada vez mejores, para impactar en la comunidad.
¿De qué manera?
A través de los jóvenes, principalmente. Queremos que ellos comprendan que el MAC es como la meta a la cual desean llegar todos los artistas. Ellos tienen que pasar por un proceso, tener un currículo y el día de mañana cuando sean reconocidos, pueden optar por una exposición en este museo.
¿Quiénes valoran más el MAC, los nacionales o los extranjeros?
Las personas que tienen la posibilidad de viajar generalmente han tenido este tipo de experiencia, pero necesitamos más promoción. He tratado de establecer un poco de nexos con las agencias de viajes, porque quisiéramos que ellos tomaran más en cuenta el hecho de promover más el aspecto cultural en sus recorridos, que no vayan directamente a los centros comerciales, que les ofrezcan otra cosa, otro tipo de oferta qu tiene el país.
Pero ¿valoran el museo los artistas nacionales?
Aquí presentamos varios tipos de exposiciones. No puedo decir que haya una gran diferencia entre presentar una exposición de un extranjero con la de un panameño, excepto por el tema de traer las obras. Siento que cuando ven su trabajo expuesto en estas salas, donde la obra se luce, todos tienen gran emoción.
¿Qué proyectos o planes hay mientras dure el proceso de traslado?
Aquí trabajamos en el aquí y el ahora. Mientras el nuevo edificio no esté construido, nosotros no nos podemos mover, por lo tanto, vamos a seguir haciendo nuestro trabajo. No podemos estar como cuando estás en una casa de la que te vas a mudar, que ni siquiera quieres pintarla. Nosotros tenemos que seguir adelante y seguir haciendo nuestro mejor esfuerzo y ofrecer lo mejor que podamos dentro de nuestras posibilidades y recursos.
En cuanto al respaldo para sostener la institución, ¿cuál es la situación actual?
El museo tiene un aporte del Inac. En este momento lo estamos esperando con ansias, lo necesitamos mucho, pero no cubre todo lo que necesitamos para sobrevivir. Necesitamos también el apoyo de muchos colaboradores y donantes que año a año nos ofrecen su aporte. Algunas personas particulares y algunas empresas.
¿Es suficiente o falta?
Yo diría que se hace muy difícil. En Panamá hay mucho trabajo de este tipo, hay muchas ONG y fundaciones con propuestas muy valiosas que realmente están pidiendo mucho apoyo y, entonces, hay una competencia positiva, pero competencia al fin. Entonces se nos hace bastante difícil. En los últimos años siento que se obtiene con cierta facilidad donaciones para nuestras actividades educativas; en esa parte sí hay un poquito más de apoyo, pero en la parte de las exposiciones necesitamos más aportes, mucho más ayuda. Aquí trabajamos con mucha economía, tratamos de usar las cosas menos costosas, sabemos que tenemos que moderarnos, pero necesitamos hacer presentaciones dignas.
¿Ha tocado, de alguna manera, el crecimiento económico al museo?
No. La verdad es que el año pasado, por ejemplo, fue difícil. Es una lucha, es una preocupación constante que tenemos; no paramos. A veces no tenemos dinero en fondo, pero hay una exposición y hay que hacerla. Nosotros programamos nuestras exposiciones con un año de antelación, y hasta más. Ya yo tengo exposiciones para 2014, este año está lleno y todo lo que está programado se tiene que hacer, haya un patrocinador o no, porque es un compromiso con los artistas.
¿A qué atribuye que las contribuciones llegan demoradas o lentamente en medio de tanta bonanza?
Lastimosamente tenemos un problema de base a nivel de la sociedad panameña, en el sentido de que no se le da ni reconoce al arte la importancia que tiene. No nos damos cuenta de que para formar seres humanos integrales tenemos que darles mucho más que lo básico para poder conseguir un trabajo. Tenemos que formar seres humanos con una espiritualidad, seres ricos por dentro, que puedan aportar al país, porque si no, lo que vamos a tener es maquinitas que sirven para hacer este trabajito y llevar este papel para allá y más nada. Necesitamos fomentar la creatividad; necesitamos darles oportunidad a las personas que hasta ahora no la han tenido y que se ven cada día expuestas a una gran cantidad de tentaciones y situaciones que no son las mejores. El arte y el deporte son dos actividades que pueden contribuir a alejar a los niños y jóvenes de todas esas cosas malas que hay por ahí.