El Real Madrid necesita un sicólogo. Todos están deprimidos. Desde el entrenador a los jugadores, la directiva, el utillero y la afición. Nadie se salva de la quema.
Nadie quiere mirar el marcador del partido con el Alcorcón de la Copa del Rey. Derrota por 4-0 ante un "modestísimo" club de la Segunda División "B", un equipo adscrito al fútbol no profesional convertido ahora en un humilde David futbolístico que ha vapuleado al sobrado Goliat galáctico.
Los jugadores del Madrid salieron el martes al campo del Alcorcón, miraron a sus rivales por encima del hombro y apostaron por una rotunda victoria, un paseo. Previeron un 0-4 y se despertaron con un 4-0 tras un baño en toda regla que tiene pocos precedentes en los duelos entre dos equipos de divisiones tan dispares.
El mundo al revés a 30 kilómetros del Santiago Bernabéu y el segundo proyecto de Florentino Pérez -nada menos que 250 millones de euros de inversión, la mayor en la historia del fútbol- en entredicho.
Hacen bien los "deprimidos" en pedir perdón a los hinchas, conmocionados tras la noche horrible que les tocó vivir, asustados ante la visión de unos ídolos que no se ayudaban entre sí, que no controlaban el balón, que temblaban como flanes cuando el rival atacaba.