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El mago y su mujer

“¡Oh limones, senos de vírgenes, lunas que se tornan soles!” Las mil y una noches


Hay dos magos de maravilla: David Copperfield y Criss Angel. Uno elegante, el otro informal; ambos modernos, guapos, jóvenes. Andan por teatros y calles asombrando a la gente, bañándolos en magia. Esta generación olvidó a Houdini. Si lo ven en película les parece un cuento. Nunca existió alguien así.

No olvidaré al primer mago que vi en mi vida: Chang, el más famoso mago panameño. Fue conocido en el mundo entero. Montó sólo una vez su fantástico espectáculo en Panamá. Lo hizo como muestra de cariño para el pueblo que lo vio nacer. Fue en el Teatro Tropical. Si mal no recuerdo, en 1950. Estudiaba en ese entonces en el Instituto Nacional y mis mejores amigos eran Calito Wilson y Tite Mena, a quienes menciono en "Pantalones largos". Esta es otra historia, una de magia.

Fuimos al Tropical temprano, no a ver el show sino a ver pasar al mago, y no realmente a ver pasar al mago sino a la bellísima rubia que decían era su mujer y participaba en el espectáculo. Estábamos recostados a un auto cuando llegó Chang y su comitiva. La mujer, incluso modestamente vestida, era deslumbrante. El mago iba muy sencillo también: camisa blanca y pantalón oscuro. Era un hombre sesentón. Cuando estaba cerca a Calito se le ocurrió decirle:

 

—¿Por qué no dice abracadabra y quedamos nosotros dentro del teatro? El mago sonrió y tomó por el brazo a su mujer. Tal vez le parecimos peligrosos.

Ya nos íbamos cuando la maravillosa mujer salió y acercándose nos dijo:

—Chang dijo abracadabra.

 

Y nos dio tres boletos de entrada.

Nunca volví a ver algo parecido en mi vida, ni siquiera en cine. Velas se encendían y se apagababan solas; flores saltaban de sus floreros y caían en los muslos de las señoras. Había fantasmas, vientos fríos, sonidos y juego de luces extraordinarios para la época. Por último, atravesaron volando por encima del público enormes pájaros dorados que relumbraban con las luces. En el centro de aquel tumulto suntuoso, el mago Chang parecía levitar envuelto en su espléndido vestuario oriental. Fuimos los que más aplaudimos. Salimos y nos quedamos afuera esperando a que saliera el mago para agradecerle su abracadabra; no, realmente no para agradecer su abracadabra, sino para ver a su bellísima mujer. Nos quedamos esperando. Nunca los vimos. Era tardísimo cuando nos fuimos. El mago y su mujer habían desaparecido en la noche.


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661035
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América