Deportes

El Marañón, ñon

“Marañón, barrio bravo, / enternecido siempre / por el justo sabor de la fraternidad” de Álbum de nostalgias


Mi amigo tenía un chantin en el Marañón. En el barrio lo conocían como “El Hermano Rareza”. Claro que su chantin incluía una mujer que por su extraordinaria calidad humana (acompañada por buen cuerpo y mejor humor), con el tiempo se convirtió en su compañera permanente. El cuarto hacía esquina en piso alto. En el balcón acomodábamos una angosta mesita con la botella de Seco y nos sentábamos alrededor de todas sus arandelas. La música de la cantina más cercana (El Marañón estaba sembrado de cantinas: la Tropicana, la Cocopelao, la Gómez #2) nos llegaba alto y claro, sin el volumen aterrador que parecían saborear los que allá libaban.

Un sábado en la noche fui testigo de por qué mis amigos llamaban “La antesala del infierno” al cuarto de enfrente, en planta baja. Era una familia pobre y de moral desconocida. Si a la una de la madrugada, la hermana mayor conseguía “matar un caso”, despertaban al hermanito menor que dormía detrás de un telón de sábana sucia que dividía la única habitación, y tenía que salir a la ancha acera a jugar con platillos. En la parte delantera, la abuela planchaba, planchaba y planchaba, sin escuchar los aullidos detrás del telón. La madre los había abandonado y la mujer mayor tuvo que echarse encima el resto de la historia. ¿La hermana menor? Chupando en las cantinas.

Pero no todo era tan sórdido en el Ñon. Gocha Olaciregui era un ejemplo de trabajo y honradez jamás imitado por político actual. Hasta podría sacar un cuento de esto, pues Gocha pescó el tiburón más grande que ha merodeado en Panamá. Lo pilló en el muro de la Avenida Balboa (al lado del desaparecido gimnasio). Era de seis metros y pesaba dos toneladas. Yo vi cuando lo subían con grúa.

 

En un tiempo llamaron a las casas frente al mar La Sierra Maestra, y, por supuesto, había un Fidel, a quien “El Cholo E.” dejó inválido de un balazo.

Por allí se crió mi amigo Lencho, uno de los mejor olvidado cuentista de Panamá. Ya me encargaré de ponerlo nuevamente en blanco y negro. En el Ñón funcionó “La Puñalada” (con su decorado de emparedados famosos y bistec picado como no se han vuelto a repetir.

En el cine Roxi, niños todavía, Oreste y yo vimos a Chaplin en El Gran dictador. Fumamos cigarrillos negros. La risa nos salvó del vómito.

 

fecha edicion
old id
602017
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América