Esta comprobado por múltiples estudios en el mundo que la competencia entre empresas en mercados abiertos contribuye significativamente a aumentas la productividad y competitividad de la economía.
Los mercados resuelven diariamente las demandas y ofertas de bienes y servicios generadas por millones de decisiones libres que toman personas y empresas cuando compran, venden, invierten, ahorran, producen, consumen, importan y exportan, trabajan y descansan. No hay sustituto en el mundo ni en los países al buen funcionamiento de los mercados para canalizar las actividades económicas de las gentes. Los países que han tratado de crear sistemas centralizados de decisiones económicas, controladas por gobiernos y administraciones públicas, ignorando los deseos manifiestos de las gentes, han sufrido colapsos irrecuperables.
Sin embargo, "el mercado" como sistema para guiar la actividad económica es sujeto de desconfianza, sospechas y oposición por parte de grupos ideológicos, políticos y organizaciones clientelistas. Lo ven como la causa de la pobreza y de desigualdades e injusticias sociales y, en su poco conocimiento de realidades económicas, quisieran eliminar su funcionamiento, o sea, volver a esquemas de decisiones económicas centralizadas.
El mercado económico realiza una labor gigantesca e impersonal y como tal tiene comprobadas virtudes y limitaciones. Al reconocer que es indispensable para la actividad económica, se puede proceder científica y pragmáticamente a acentuar sus virtudes y a corregir ó neutralizar sus limitaciones. Sus principales virtudes están en fomentar la creatividad de la gente, en su flexibilidad, en su capacidad de adaptación a nuevas realidades, en lograr una eficiente asignación de recursos limitados para que sean más productivos, en generar y asimilar tecnología, en canalizar la producción hacia las demandas manifiestas de los consumidores, en usar el mecanismo de los precios para mandar señales simultáneamente a productores y consumidores para reconciliar sus múltiples demandas y ofertas de bienes y servicios. Sus principales limitaciones están en las fallas causadas por falta de información, en la existencia de externalidades no reconocidas por los precios privados, en la ausencia de competencia y libertad de entrada a los negocios, o sea cuando hay monopolios, oligopolios y
o carteles y por falta o defectos en las comunicaciones. La experiencia demuestra que estas fallas se pueden corregir vía políticas públicas, una adecuada institucionalidad y una acción complementaria del Estado produciendo "bienes públicos"; aquellos deseables y valiosos para el bien común que un mercado privado no produce. La institucionalidad, las normas y reglas del juego, son indispensables para el buen funcionamiento de mercados; sobresalen, el derecho a la propiedad, respeto a los contratos, la seguridad jurídica, y la seguridad social, entre muchas.
El problema de los pobres no es el mercado; es que están fuera del mercado por falta de recursos propios y de igualdad de oportunidades. Controlar el mercado dizque para ayudar a los pobres resulta en el empobrecimiento de toda la sociedad, inclusive de los pobres.
Los que más adversan al mercado económico son los clientelistas y mercantilistas, aquellos que quieren distorsionarlo para favorecer, vía una acción pública, a su propio sector, llámese empresario, obrero, empleado público, agricultores, industriales, etc.; sin tomar en cuenta que la distorsión que obtienen a su favor causa un costo medible y real al resto de la sociedad en su conjunto. Su beneficio exclusivo lo logran causando un sacrificio a todos los demás.
Las limitaciones del mercado señaladas no se corrigen vía clientelismo sino perfeccionando la competencia vía información, comunicaciones, mercados abiertos y una efectiva complementación de "bienes públicos2 producidos por el Estado. La pobreza se corrige transfiriendo recursos vía el presupuesto nacional para invertir efectivamente en los pobres, dotándolos de recurso humanos y físicos, de infraestructura y de información y sobre todo valorándolos como seres humanos, ciudadanos dignos que tienen el derecho a la participación plena. Es indispensable su inclusión en lo económico, político y social, con sentido de comunidad y de respaldo moral.
Las enormes desigualdades que nos marchitan no las causó el mercado; vienen de las viejas tradiciones clientelistas, mercantilistas, segregacionistas por etnias, razas, culturas y géneros, que hay que corregir vía políticas públicas que contemplen el bien común. Por ello se necesitan un "buen mercado" y un "buen gobierno" que oriente, guíe, facilite y complemente las acciones de ciudadanos privados en el mercado. La gente y el Estado se reservan el derecho de orientar al mercado, dentro de su naturaleza, para optimizar el bien común.
El mercado abierto y competitivo es necesario para aumentar la productividad y competitividad. Esta es necesaria para acelerar el crecimiento económico y la generación de empleos; lo cual es necesario para generar los recursos que, mediante la acción pública sin clientelismos, incorpore a los pobres y marginados al desarrollo integral.
El Mercado y La Competitividad
Los que más adversan al mercado económico son los clientelistas y mercantilistas, aquellos que quieren distorsionarlo para favorecer, vía una acción pública, a su propio sector, llámese empresario , obrero, empleado público, agricultores, industriales, etc.; sin tomar en cuenta que la distorsión que obtienen a su favor causa un costo medible y real al resto de la sociedad