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El método de ‘El Bolillo’

Alerta lanzada y todas las cámaras en posición, pendientes a la entrada a escena del hombre más esperado en la mañana de ayer. Era el momento para que el nuevo técnico de la selección de Panamá, el colombiano Hernán Darío Gómez


La frase
  • Más que una revancha, para mí esta es una nueva oportunidad... Esperemos que todo se me dé de la mejor manera. Rolando Escobar - Mediocampista de Panamá

Alerta lanzada y todas las cámaras en posición, pendientes a la entrada a escena del hombre más esperado en la mañana de ayer. Era el momento para que el nuevo técnico de la selección de Panamá, el colombiano Hernán Darío Gómez, saliera al engramado del estadio Rommel Fernández Gutiérrez, tras una charla de alrededor de 20 minutos con sus dirigidos.

Mezclado entre sus futbolistas, vestido de corto, aparecía “El Bolillo”, apodo del entrenador sudamericano, el cual, al parecer, nunca le ha agradado mucho.

 

Conversación amena con Román Torres camino a la cancha. Esta fue la llamativa imagen que puso play al primer día de trabajo, bajo el sol y la humedad, de Gómez al frente de la Roja.

Después, el extimonel del combinado nacional de Ecuador se hizo a un lado para dejar entrar en calor a sus jugadores, quienes iniciaron su jornada entre el popular juego del “bobito”, trotes y algún otro ejercicio con balón incluido.

 

José Calderón y Óscar McFarlane, los dos arqueros convocados, trabajaban aparte. Con el segundo de estos, “El Bolillo” se tomó su tiempo para conversar con él. Pero no fue al único al que le dedicó algunos minutos de charla, también lo hizo más tarde con Adolfo Machado.

Gómez observaba todo el entrenamiento desde la mitad del campo. Se movía poco. Se le notaba tranquilo y relajado. No se le veía muy involucrado en la práctica y hasta daba la sensación de que, por ser el primer día, el trabajo no sería nada intenso. Error.

 

Mientras los futbolistas se hidrataban y tomaban un aire, “El Bolillo” sacó unos petos color naranja. Al colombiano por fin se le vería en acción, luego de casi una hora (el reloj marcaba las 9:10 a.m.). Interesante era contemplar como desde las gradas dos directores del plano local asistieron al coloso de Juan Díaz para apreciar de cerca los métodos del cafetero; hablamos de Jair Palacios (Árabe Unido de Colón) y Carlos Miranda (Colón C-3). Seguramente ambos sonrieron y se frotaron las manos al darse cuenta que Gómez tomaría las riendas.

Los petos naranjas fueron para el grupo de atacantes: Roberto Nurse, Nelson Barahona, Alberto Quintero, Jairo Jiménez, Rolando Escobar y Pedro Jeanine (invitado) y Juan De Gracia (invitado); el grupo de defensores lo formaban: Román Torres, Felipe Baloy, Leonel Parris, Nahil Carroll, Carlos Rodríguez, Adolfo Machado y Amílcar Henríquez.

 

Comenzaba el uno contra uno (defensa contra atacante). Se escucharon entonces los primeros gritos de “El Bolillo”. “¡Perfil... distancia!”, le pedía el colombiano a los defensores. El trabajo no salía como él quería, y Gómez no dudó en sonar el pito, parar el entreno y volver a explicar todo. Lo hizo una y otra vez, a medida que el trabajo variaba un poco (atacaban dos y defendía uno, luego atacaban tres y defendían dos, y así sucesivamente).

Las palabras no parecían ser suficientes y fue cuando “El Bolillo” decidió usarse como ejemplo para hacerle comprender a los zagueros cómo tenían que hacer el marcaje. Y aunque sus mejores años en el aspecto físico ya pasaron, el otrora seleccionador de Colombia hacía un esfuerzo por correr, para que la explicación quedara clara.

El trabajo fue creciendo en intensidad con el pasar de los minutos. “¡Achicá, achicá... avanzá!”, les gritaba una y otra vez a los jugadores que defendían. Para él era de suma importancia que todo quedara perfecto y cualquier esfuerzo extra por lograrlo no estaba de más.

Hacía sonar el silbato constantemente, se acercaba al jugador que, bajo su perspectiva, había fallado, y con tono fuerte le corregía. Incluso en algún momento dejó al mando del trabajo a su asistente Elkin Sánchez, para él tener tiempo de apartarse y conversar a solas con Carlos Rodríguez.

A “El Bolillo” no le interesaba a quién tenía que corregir, llámese Baloy, Román o quien fuese. No le temblaba el pulso.

Y lo del preparador sudamericano no solo fue con los zagueros, a los atacantes también les enseñaba qué movimientos quería, para tratar de llegar al gol de una forma efectiva. Todo esto a su ritmo, claro está.

Pese a que el sol no era tan castigador como en otras mañanas, la intensidad del trabajo dejó muy agitado a más de uno.

La práctica finalizó con un discurso de “El Bolillo” para sus dirigidos en el centro del campo. Una vez acabó de hablar, se apartó y dejó reunidos a los suyos. Sin embargo, antes de abandonar por completo el terreno, tuvo un detalle cargado de humor, al darle una patada “cariñosa” a Aníbal Godoy, quien no está citado para los amistosos ante Serbia (31 de mayo) y Brasil (3 de junio), mas se encontraba trabajando en el Rommel Fernández, recuperándose de su lesión.

Y así concluyó el primer día de overol del encargado de guiar al elenco panameño hacia el Mundial de Rusia 2018. “El Bolillo”, un hombre cercano a sus jugadores, intenso, que corrige y educa, de voz fuerte, y al que se le notan la sabiduría y los años de experiencia.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América