Existe el milagro de Dios que es aquel engendrado por su pensamiento y el milagro de dos que es el amor.
Estamos hechos de pares y nones: dos ojos, dos manos, una boca… y lo demás también. Somos un ejercicio apasionado de haz y envés, una geometría exacta de esferas y de cóncavos y convexos.
Sabemos que el amor todo lo circunda y que la criatura que nombra el Eros está ahí flotando, a veces en medio de la adversidad… De eso nos viene a hablar este libro con un idioma que nos pertenece a todos, que nos involucra. No está compuesto de sonidos altisonantes, en manera alguna lo pretende, más bien nos obsequia silbos, susurros, silencios estentóreos…
He aquí el hombre y su sed, el hombre que quiere comerse su manzana y la deglute sin más ni más. Por que se sabe merecedor de aquella. Luego entonces Eva, como universo femenino ya no es misterio, sino testimonio del amor. Del amor hecho de piel y de calores. Y es que se trata de pares, pues de pares venimos y en pares debemos terminar como dice la canción.
Escribir no es fácil cuando uno sabe cuál es la intencionalidad, el qué quiero decir y para qué. Traducir el sentir en decir, expresarme en verso o prosa es una declaración de desnudez. Son muy pocos los autores panameños que se han lanzado por los senderos del erotismo. A los hombres les cuesta, por lo menos a la hora de expresar su sexualidad, soltar amarras, deshacerse de vestiduras y mostrar su sensibilidad a flor de piel. Esto ocurre un poco con PUNTO G. Para muestra unos versos: “Ahora que sé que te amo: dime cómo te puedo amar”. “Conozco tan bien tu cuerpo que no se hace necesaria tanta luz…”.
Un aporte significativo del cuaderno es la distribución de los textos en formas gráficas que fortalecen la imagen poética que se quiere reflejar.
No se ahorra expresiones cotidianas, no sazona las palabras, las deja caer con rudeza, puras crudas: “Es el ingrediente que a veces le hace falta al amor para recobrar el sabor perdido por la costumbre”.
En el texto que exige: “Qué más, además de tu cuerpo puedes darme. Dime: qué más puedes darme”. Hay una declaración de amor que precisa de otras cosas… cuando solo la lectura de la piel no es suficiente, cuando navegar por el sudor de ella no basta, cuando los besos son tan solo puntos suspensivos de un discurso que no quiere puntos finales.