Este es el año de Camus. Hay tanto que decir de su obra y de él que no hay espacio en estas líneas desde Madrid. De su producción literaria, seguro, una de las más populares y leídas es “El mito de Sísifo”, ensayo pequeño pero de gran enjundia en el cual Camus desarrolla su concepto del absurdo y el suicidio como salida a ese absurdo existencial.
Me gusta de Camus que sabe leer muy bien la condición humana, no solo desde supuestos filosóficos, si no también literarios. Eso es lo que hace al introducir en su discurso a dos personajes literarios: Kirilov, el personaje de Dostoievski de “Los demonios” y Sísifo, de Homero, del que ya sabemos cómo le fue.
Sísifo, siempre me ha angustiado porque representa esa reiteración absurda de un trabajo. Lo que hace no le libera, no tiene fruto, es un tormento constante al que le condenan los dioses. Pero Camus quiere ver en Sísifo a una persona feliz y dice esto al final de su ensayo: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.
Hoy, los intelectuales panameños encarnan al moderno Sísifo. Muchos de ellos se han embarcado en “La caravana de la Soberanía”. Los entusiastas de la ignorancia, los “dioses” de hoy, nos han condenado a empujar la piedra hasta la cumbre para verla rodar otra vez cuesta abajo, llenándonos el ánimo de un absurdo intelectual frustrante. Piensan, “se cansarán pronto”, ponen trabas para desanimar, nos tachan de locos, envidiosos y anacrónicos. Quieren convertir el estado crítico en el que debemos mantenernos en mero capricho, en una necedad ciudadana que hace falta para que aparentemos “normalidad democrática”.
Pero no nos desanimarán. Los mitos están para superarse y no seremos eternos “Sísifos”. La lucha por llegar arriba con la piedra de la identidad, del criterio, de la educación para todos, basta, como dice Camus, para llenar nuestro corazón. Y seguiremos cuesta arriba, empujando, escribiendo novelas, poemas, cuentos, estudiando hasta quemarnos las pestañas, gritando hasta quedar afónicos, dando la cara en la calle, en la Universidad, en la Asamblea. Creo que tenemos el deber de no pasar de largo como en la parábola del Buen samaritano.
La “Caravana de la Soberanía” va a ir de aquí para allá hablándole a la gente panameña de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos si no recuperamos nuestra identidad. Hemos sido panameños desde siempre y hemos evolucionado como nación, como pueblo, y no nos parecemos más que a nosotros mismos. Los que pretenden convertirnos en otra cosa, esconden, seguro, una hoja de ruta que quiere convertirnos en serviles seguidores de los sueños de otros.
Leo en estos días el montón de literatura panameña que me traje de mi viaje a Panamá. Veo mucho talento, veo muchas ganas de evolucionar estéticamente. He visto como los relevos generacionales en materia de integridad cultural y moral se van dando de una manera natural. Vi también a muchos figurantes y figurines, pagados de su vanidad infinita y una soberbia barata que da más risa que tristeza. Allá ellos. Me encontré con mujeres y hombres perfectamente conscientes del momento histórico que les ha tocado vivir. Su compromiso con Panamá está fuera de toda duda. Esa es la gente que va a fraguar un cambio en el punto de vista de nuestra sociedad, son los “Sísifos” de corazón pleno.
Rescato el final de la “Nota para el docente y el alumno” del libro “Del tiempo y la memoria”, del escritor Juan Gómez (edición de 2013), que les invito a leer: “con este libro busco que alcancemos dos objetivos fundamentales: rescatar del tiempo y de la memoria personajes y hechos históricos relevantes… y que formemos ciudadanos analíticos, críticos y creativos, es decir: hombres y mujeres cultos, lo que equivale a decir libres”. Lo dicho, viva Camus, viva Sísifo feliz.