Al terminar la primera década del Siglo XXI, comprobamos cómo prevalecen en el hombre los vicios de una conducta reprochable sobre actos de justicia, equidad y respeto.
Dios dejó suficiente para todos, sin rebatiña ni aprovechamiento ilegal de unos sobre otros, sin credos ni pueblos prevalecientes. Para que reine la paz y el progreso debe haber igualdad entre patronos (capital) y trabajadores que generan la riqueza.
Sigue siendo necesario el equilibrio entre poderes y derechos o continuaremos en la escalada lamentable que nos viene exterminando. Se ha perdido el respeto por el ciudadano y la naturaleza, fundamentos de la existencia.
Es necesario también, abandonar las planificaciones oscuras ocultas y las desigualdades sociales. Erradicar la pobreza, que conduce a la criminalidad y la violencia, no se combate con eslóganes o actuaciones demagógicas, sino con hechos honestos y morales.
Sin embargo, no todo está perdido. Hechos notables también se han dado y deben continuar en aumento. Ejemplos de ellos lo constituye el acto de justicia dado en Israel al juzgar al ex presidente Moisés Katsay por abuso sexual en contra de una subordinada. Ejemplo de justicia digno de imitar contra funcionarios corruptos y delincuentes de alto nivel en muchos países.
Otros ejemplos, el exitoso y sobresaliente gobierno del sindicalista “Lula” Da Silva en Brasil y la ascensión – como lo vaticiné desde las páginas del Panamá América- de Dilma Rouseff a la presidencia. El gigante del Sur se perfila claro y aún más exitoso sobre las bases que deja este líder obrero. Bolivia, Ecuador y Venezuela, frágiles, pero no menos valerosamente interesados en mejores días para sus pueblos, superando conspiraciones.
Argentina se pronostica positivamente con Cristina Fernández sobre las líneas del gran Néstor Kirchner y un pueblo con mayorías laboriosas.
Paraguay, no muy claro, y Uruguay, en la vía a catapultarse. Chile, aguardando el comportamiento de la derecha en el poder. Colombia, con pasos positivos de Juan Manuel Santos, que enfrenta la decisión del diálogo interno con las fuerzas guerrilleras o la continuación del derramamiento de sangre en la lucha fraticida, hoy aumentada con la incorporación de los paramilitares y el narcotráfico.
Méjico, enfrentado a un narcotráfico devastador, alimentado por el consumo de drogas de su vecino que también vende las armas a las mafias. Centroamérica sigue su estancamiento de patio trasero inmediato. Haití, defraudado, esperando la vergonzosa dádiva ofrecida, mientras fondos para las guerras sobran y son rápidamente otorgados.
Europa, enfrentada a sus errores financieros y de política exterior. Varios de sus países en quiebra hincan sus dientes en Indoamérica y África. Se blindan contra la inmigración, mientras ellos gozan de privilegios en nuestros países como en la Colonia.
África, enfrentada a la cruel e histórica explotación extranjera como a los asaltantes del poder estatal. Oriente Medio, en un cuello de botella por lograr la tan necesaria paz entre palestinos, árabes, hebreos y persas.
Japón, maniobrando para mantenerse en el mástil-trípode (Europa-EE.UU.) y China, expandiendo su producción propia y extranjera, sin consideración con los calentamientos (global y económico) y manipulando sus finanzas y moneda.
Y, nuestro Panamá, con un crecimiento económico segmentado, logrado a un elevado costo social, sigue inmerso en una lacerante desigualdad económico-social sin fecha de término, promesas en curso y una Contraloría y una justicia que no logran mostrar un rostro límpido. Dudosos parecen los beneficios con la ampliación del Canal y una CSS utilizada políticamente que no cumple con sus dueños asegurados y jubilados.
Estados Unidos de América, endeudado hasta el tuétano, con una economía deteriorada, sin cambios substanciales en sus políticas, una moneda sin respaldo propio, cargada sobre las espaldas de Indoamérica, sigue sin corregir el rumbo errático de las imposiciones y de política exterior, con un “rescate” financiero insostenible y fracasado.
El presente no es halagador. Los países empobrecidos, insisto, deben integrarse cada vez más como defensa para su futuro inmediato y de largo plazo. Existe la posibilidad de una guerra nuclear por lograr predominio.
Ante este panorama se impone recapitulación y equidad, interna y mundial, y acercarnos a Dios.