Las luces estaban reservadas para Cristiano Ronaldo, pero la historia la marcó el jugador que era duda para el certamen.
Wayne Rooyne marcó los goles de la diferencia y el que proclamó al Manchester United, como el campeón mundial de clubes.
Japón y el imponente estadio en Yokohama suspiraban cada vez que Cristiano Ronaldo tomaba el balón, pero al final fueron los goles de Rooney los que aportaron la tranquilidad y la gloria total.
Con menos de 45 minutos en el terreno, Rooney anotó dos goles cruciales en la victoria 5-3 de Man-U sobre el campeón nipón el Gamba Osaka.
Ayer, ante el campeón de la Copa Libertadores, Liga Deportiva de Quito, Rooney le tocó de nuevo vestirse de héroe.
El premio individual, ser el jugador del Mundial de Clubes, el premio colectivo, el título para el Manchester. Y el premio para su corazón, un torneo inolvidable.