No tengo claro si el título de este artículo peca de metonimia o neologismo, tendría que preguntarle a mi admirado Ariel. Para mí que no se trata de una figura literaria, el mundo se está encogiendo realmente, y para decirlo más claro, físicamente. ¿Qué pasará con los espacios vacíos que contenían billones de petróleo y que fueron desangrados de la tierra y convertidos en CO2? Acaso no se producirán hundimientos para rellenar esos huecos? ¿Acaso el viento no va desgastando los picos montañosos? Por lo tanto, podemos decir que nuestro planeta se encoge. No solamente por efectos de la velocidad, se encoge, se achica. ¿Cómo explicaríamos el efecto en las dimensiones de la tierra cuando dos placas tectónicas juegan a treparse una encima de la otra?
La percepción que tenemos del mundo siempre varía, le juega la pacheca a nuestra imaginación. Depende de cómo crecemos o cómo nos empequeñecemos.
Figuradamente el mundo se nos agiganta de manera repentina y fantástica al momento de nacer. Nos dan la luz, el espacio. Todo lo que nos rodea es gigantesco: las manotas del doctor, la teta de la madre, la cuna, los tucos, el trompo y los cascabeles, todo es enorme. Al saltar de la cuna y del corral a la escuela de párvulos, el mundo se sigue estirando, y aún más si sales al exterior y durante el viaje te puedes asomar a la ventanilla del avión y ver la inmensa tierra y el cielo infinito. Te haces de un diploma y trabajas y te enamoras y te casas y tienes tu prole. ¡Vaya que llegó a su máximo el mundo! Ok, amigo mío, de ahí en adelante, el mundo comienza a encogerse irremisiblemente: primero, los pantalones en los que ya no cabes porque lo que sí aumentó a ojos vistas fue la dimensión del vientre; después, los estacionamientos, porque a pesar de tu Yaris, no cabes en ningún lado. ¿Distancias? ahora llegas a Coronado en cuarenta y cinco minutos, cuando antes demorabas hora y media. ¿Y qué ha pasado con tu salario? Se ha encogido contra el costo de la vida.
Los globos se inflan y se desinflan. Así también los humanos.
Nos infla la manteca y la soberbia, y nos desinflan las dietas y los desengaños. Lo que hacemos con la tierra es ensuciarla.
¿Y si enjabonamos al mundo con Sapolio? No caería mal la limpieza, aunque se encoja más.