C omo panameño que reside en el extranjero, siempre que visito mi querido Panamá tengo una perspectiva diferente a la de mis amigos que viven en el país. Todos se quejan de la salud, la educación, el tráfico, las calles llenas de huecos, las aguas negras corriendo por las calles de Bella Vista y Punta Pacífica, la cinta costera, lo caro que está la gasolina y la comida, el Gobierno, en fin, una gran cantidad de cosas, las cuales no me afectan directamente. Yo veo los nuevos edificios, restaurantes y hoteles en la ciudad y en el interior, las bellas playas, las montañas, los ríos y la gente buena y humilde del interior, sin percatarme de los problemas que se viven a diario en el país.
¿Qué haré yo cuando me jubile y regrese a mi país natal, la tierra de mi niñez y juventud, mi querido Panamá el cual añoro a diario? Espero no estar sentado con mis amigos quejándome de todas las cosas las cuales, bajo el espejismo del progreso, no veía yo claramente desde tierras lejanas. Espero estar jugando dominó en el parque o en una cafetería, con aquellos amigos recordando nuestra juventud y diciendo: hoy Panamá está mejor que cuando éramos pelaos.
Yo visito Panamá frecuentemente, pero en este último viaje he quedado alarmado. Como progresa Panamá, me dicen por la calle. Mira los edificios, la cinta costera, están saneando la bahía y hay un auge económico, el cual no será afectado por los problemas financieros globales (aunque el papel moneda es el mismo devaluado dólar proveniente del país donde se vislumbra una espeluznante recesión). Puro espejismo!
En mi viaje al interior, subiendo el cerro Campana, tragué la misma cantidad de humo, de cuando viajaba a la playa de vacaciones de verano con mis abuelos (cuando no era autopista), ya que los dos carriles, toda la distancia subiendo el cerro, estaban ocupados por dos camiones de diésel. Me encontré con una carretera, que dicen que es autopista, llena de huecos, mal hecha, sin desagües adecuados cuando llueve (me agarró un aguacero entre Arraiján y La Chorrera y la 4x4 parecía lancha). Como el carril derecho está tan malo, los vehículos se manejan por el lado de rebasar y hay que rebasar por el carril derecho. Para colmo todavía cobran 50 centavos de ida y vuelta. Después de 27 años de haberse habilitado la autopista Arraiján- La Chorrera, me pregunto qué hacen con ese dinero? Claramente no se utiliza para arreglar la arteria principal del desarrollo turístico del país. Esto no es progreso, pero alguien está haciendo negocio.
Tenemos un terreno que era parte de una finca de mi bisabuelo. Este terreno nos pertenece, está adecuadamente inscrito y titulado, y resulta que los dueños de casas de una urbanización millonaria, utilizan nuestra propiedad para el acceso al mar. Parece ser que se vendieron casas con acceso al mar por propiedad ajena, y según me dicen los humildes moradores del área, "el que está detrás de esto, está bien conectado". Un acceso privilegiado, pero ajeno, al cual le han puesto una cerca y un portón con candado. Tierra usurpada por donde los humildes habitantes y pescadores del área no tienen acceso a la playa. Hace 27 años los que se metían en las propiedades ajenas, lo hacían por necesidad y hambre, un terruño para poner un rancho y sembrar su yuca. Ahora son aquellos de las clases privilegiadas los que se meten en tierras ajenas, buscando acceso al mar, y construyendo rampas para bajar sus motos y otros vehículos hasta la misma playa. Mientras tanto, el pueblo no tiene acceso al mar. Esto no es progreso, pero alguien está haciendo negocio.
Fui a ver un proyecto de unos edificios a orillas de la playa en Río Mar. Cada apartamento cuesta arriba de los 350 mil dólares. Quedé impresionado del bello diseño y concepto en arquitectura con aquella magnífica vista, que desde mi niñez nunca se me ha olvidado. Río Mar ya no es potrero, pero ocurren los mismos apagones de luz de hace 27 años y no eran ni carnavales, ni semana santa. Por ahorrarse el costo de limpiar la maleza en un lote a la venta, un propietario le prendió fuego al lote, como si Río Mar todavía fuera potrero. Las llamas quemaron unas palmas de una casa donde el cuidador estaba preocupado que su patrón lo iba a despedir por no haber salvado las palmas. El cuidador no tenía dinero para llamar a los bomberos de San Carlos y estaba batallando las llamas a punta de balde. Las llamas llegaron hasta el muro de nuestra casa y si no fuera por el cuidador del vecino que estaba con su manguera peleando las llamas conmigo, creo que se nos hubiera quemado la casa. Llamé a los bomberos de San Carlos y llegaron muy pronto, pero sin el carro bomba. Igual que hace 27 años el carro bomba no funcionaba. Les dimos a los bomberos agua para llenar un tanquecito portátil con el que fueron a combatir las llamas con machete en mano. Maravillosa labor la de los bomberos de San Carlos, con todo y que no contaban con el equipo adecuado. Imagínese que usted compra uno de los lujosos apartamentos a orillas de playa en Río Mar. Un propietario de un lote le prende fuego al lote para "limpiarlo" (mientras que lo que hace es ensuciar todo con cenizas y contaminar el aire) y de pronto se encuentra usted en su lujoso apartamento, con una maravillosa vista, rodeado de fuego. Llaman a los bomberos de San Carlos, los cuales valientemente le tratarán de salvar la vida, y su propiedad, pero sin un carro bomba. Y si milagrosamente el carro bomba funciona, les garantizo que la escalera no llega a los pisos más altos del edificio, ya que creo que el carro bomba de San Carlos tiene por lo menos 27 años. Me pregunto si los carros bomba en la ciudad de Panamá tienen escaleras de alcance a los pisos más altos de aquellos bellos y caros edificios? Esto no es progreso, pero alguien está haciendo negocio.
Hace 27 años dormíamos en la casa de mi abuela en San Carlos, con la puerta abierta. El día antes de llegar yo a San Carlos , se metieron delincuentes en la casa de un norteamericano en Punta Ratón (San Carlos). Lo maltrataron y le robaron a punta de ametralladora (según los moradores del área eran ametralladoras AK47). Esto no es progreso, pero me imagino que con los artículos hurtados los delincuentes hicieron negocio.
El gran progreso de los últimos 27 años en Panamá es la democracia. Somos los panameños los que elegimos a nuestros líderes y aún no es tarde para tratar de arreglar la situación. Durante las siguientes elecciones, desde alcalde hasta presidente, no hay que votar por aquellos que suponen que el negocio es progreso. Hay que votar por aquellos los cuales en verdad les interesa que el progreso acaricie los lares de nuestro bello Panamá.
El autor es científico y empresario en biotecnología