A monseñor Rómulo Emiliani lo llamaron del infierno y tuvo que ir. El obispo auxiliar de la diócesis de San Pedro Sula, en Honduras, debió alterar su itinerario la tarde del 29 de marzo para aproximarse a la cárcel de la ciudad en donde, al momento de su arribo, había reportes de 13 muertos, incluyendo un decapitado.
En ese recinto carcelario localizado en la ciudad de San Pedro Sula, considerada por la ONU como la más violenta del mundo, según la prensa hondureña, el sacerdote panameño fue el único capaz de bajar la intensidad del ánimo a los más de 2400 recluidos, entre los cuales hay siete panameños, que se alzaron ese día en un incidente confuso que se atribuyó en principio a enfrentamientos entre pandilleros y después se dijo que, además, mediaban reclamaciones por mejores atenciones, ya que al momento del alzamiento se habían cumplido cerca de siete días de escasez de agua y comida.

Antecedente.
La relación de monseñor Emiliani con el sistema penitenciario de San Pedro Sula es de vieja data. Tanto así que es el responsable de la Pastoral Penitenciaria Nacional y desde el 2004 preside la Fundación Pro Construcción de la Granja Penal, tras el fallecimiento, el 19 de mayo de ese año, de 108 reos calcinados. Dicho proyecto, a pesar de contar con el terreno y el presupuesto para su edificación, no se ha concretado por presiones de algunos empresarios que tienen negocios próximos al área, según ha denunciado el prelado.
Este mismo año, el 15 de febrero, un fuego “se extendió como dragón voraz y despiadado y fue consumiendo vidas, engullendo en sus fauces tenebrosas y de manera insaciable a 361 personas del presidio de Comayagua", según contó el propio Emiliani en un reporte sobre lo acontecido, por lo que cuando un alto comisionado de la Policía Nacional lo llamó a las 2:30 p.m. de ese 29 del marzo, solicitando "urgentemente" su presencia en la cárcel de San Pedro Sula, pensó en lo peor.En el infierno. A raíz de la tragedia del 2004, Rómulo Emiliani mantiene una lucha sostenida para que se construya una Granja Penal que reemplace a la actual, porque a su entender “el penal es un infierno, es un peligro para todos”, según declaró tiempo atrás al diario La Prensa de Honduras.

Ese infierno está tan lleno que alberga tres veces su capacidad real, al punto que cien reos comparten un solo baño.
Allí llegó Rómulo Emiliani cerca de las 3:00 p.m. para dialogar, prácticamente solo, con más de dos millares de individuos "sudados, nerviosos y tensos" con quienes negoció a cambio de agua y alimentos, según contó después.

Desde el momento en que pidió a la policía su consentimiento para ingresar solo al penal, pasaron 3 horas y siete salidas y entradas al "infierno" para informar sobre las demandas de los privados de libertad y, finalmente, concluir con una gran oración en el segundo nivel de la prisión, en donde los presos accedieron a que entraran los alcaldes, respondieron al llamado a lista para verificación y concertaron la paz.
Cambio de planes. Antes de ser llamado a la cárcel, "el ángel que calmó a los presos", como lo definió el periodista hondureño Christian Baide, tenía planeado ir a predicar a Cofradía a las 6:00 p.m. Su misión en la cárcel terminó justo a tiempo para que pudiera cumplir con su congregación.
Baide estuvo apostado en los predios de la prisión de San Pedro Sula y tuvo de primera mano la reacción del obispo, una vez imperó la calma.
El periodista contó esta semana a Día Dque una vez las autoridades policiales confirmaron el violento hecho, el director del penal informó preliminarmente que eran 13 los muertos, pero no detalló las causas por las cuales habrían asesinado a los presidiarios. Baide detalló que entre los líderes de la Policía Nacional figuraba el director nacional de la Policía, Ricardo Ramírez Del Cid, quien llegó al lugar para constatar la tragedia y que de inmediato dio la orden de llamar a monseñor Rómulo Emiliani.
"Con la preocupación y tristeza reflejada en su rostro, ingresó al reclusorio, conociendo la noticia preliminar de los 13 ultimados con arma blanca. A su entrada no dio declaraciones y se limitó a decir que primero verificaría lo que le informaron", recuerda el reportero que, además nos suministró varios audios en los que se escucha la intervención del obispo. "Un poco de nerviosismo se notaba en su mirada, pero al mismo tiempo una luz iluminaba su llegada; era la mano de Dios, como lo manifestó en sus declaraciones un par de horas después", añade.
A juicio del comunicador, que labora como reportero/redactor en La Prensa de Honduras, la idea de que Emiliani sirviera como intercesor fue satisfactoria, pues a su llegada a las celdas donde se originó el problema, una ovación se escuchaba en las afueras del presidio. “Era obvio que Emiliani lograría bajar la adrenalina de los privados de libertad en el interior del centro penitenciario”, comenta.
Jessica Figueroa- también es periodista de La Prensa- quien antes de ser editora tuvo como fuente la Iglesia, donde conoció a Rómulo Emiliani, aseguró que este fue testigo de la tragedia porque muchas veces lo advirtió, y estima que fue llamado a interceder "por ser el único hombre al que los reos no se atreverían a hacerle daño".
Esta tesis fue corroborada en una entrevista publicada al día siguiente (http://www.laprensa.hn/Secciones-Principales/Honduras/Apertura/Romulo-Emiliani-Tan-solo-un-muro-dividia-la-vida-y-la-muerte), en la que Emiliani reveló: “De pronto sentí que un interno me agarró del brazo y me dijo: ‘Monseñor, tranquilo, no le vamos a hacer nada, siga adelante, siga’, y seguimos caminando hasta que me encontré ya con los que dirigen, con todos los coordinadores. Había un gran grupo a mi alrededor. Siento la tensión porque lógicamente ellos también tienen miedo. Había cientos, no sabría decir el número. Al fin comenzó el diálogo, que fue profundo y de mucho respeto”.
Reacción. Emiliani desde que llegó a San Pedro Sula ha insistido que el presidio sampedrano es una bomba de tiempo y con los 13 reos muertos las autoridades desde el gobierno central ahora sí han puesto voluntad en el caso. A mediados de la semana pasada anunciaron que para la semana que se inicia mañana se les hará entrega física del terreno en la parte oeste de la ciudad, en un sector llamado Naco, para construir la nueva Granja Penal en la que, entre otras condiciones, se espera que haya dos reos por celda y, en consecuencia, cada baño será compartido entre dos y no cien.
La promesa se hizo a raíz de la tragedia en la que murieron los 13 reos y se espera que después de Semana Santa se firme el traspaso del terreno donde se erigirá la nueva prisión. La idea de construir la cárcel reciclando contenedores también es de Emiliani.
El proyecto está pendiente de iniciar su marcha en los últimos diez años y Emiliani se ha venido quejando públicamente de la falta de voluntad política de las autoridades hondureñas. Después de 121 muertos, parece que algo va a suceder.
En el interín, "el ángel que calmó a los presos", la ciudadanía hondureña y los 2400 reclusos de la cárcel de San Pedro Sula esperan que la voluntad de los gobernantes y el poder de Dios acaben que ese infierno para que nadie viva allí y monseñor Rómulo Emiliani no tenga que volver a entrar en sus tinieblas.