Osasuna y Valladolid midieron sus fuerzas en el Reyno de Navarra, en el partido correspondiente a la décima jornada de Liga. El equipo de Djukic venía con la moral alta tras ganar al Betis en la Copa del Rey y siendo decimoquinto en la competición liguera. Pero debía enfrentarse al Osasuna, muy necesitado de puntos. Ser colista de Liga y haber fracasado en la ida de la Copa del Rey ante el Gijón obligaban al conjunto navarro a ganar sí o sí. Por orgullo y por premio a la afición.
Claro que el Valladolid, deseoso de volver a ganar a domicilio y de romper la maldición de no haber conocido nunca la victoria en el estadio osasunista, también tenía sus motivos para ir a por todo en este encuentro.

El partido arrancó muy espeso. A la primera parte, que finalizó con empate sin goles, le faltó arranque, ritmo. El juego estuvo muy centrado en el mediocampo y no se vio a ningún equipo superior al otro, aunque sí se adivinaron más ganas en el conjunto navarro. Las ocasiones de peligro brillaron por su ausencia.
La segunda mitad cogió algo más de color. Siguió sin haber un dominador claro, pero el golazo de Ebert en el minuto 82 le valió al Valladolid para reencontrarse con la victoria fuera de casa. El gol llegó justo después de una acción de gran peligro generada por el Osasuna y que envió a córner el meta pucelano.
El varapalo del gol en contra y la expulsión de Rubén por doble amarilla pusieron a los de Mendilibar contra las cuerdas en los últimos minutos. Lo intentaron. De hecho, los jugadores navarros ofrecieron una buena actitud en el campo. Pero la actitud sin goles no da puntos y el Osasuna se hunde aún más en la cola de la clasficación.
La clave: Tuvo que ser una jugada de contragolpe la que desequilibrase el marcador inicial, en un partido en el que no hubo un dominador claro. Lo mejor: El Valladolid se aposenta en una posición más que cómoda en la Liga.