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El otoño, otra vez

Nací sin otoño. En Panamá solo tenemos dos estaciones: la seca y la lluviosa. Y no soñaba yo con otoños, no podía, hasta que Rafael ...

El otoño, otra vez
El otoño, otra vez

Nací sin otoño. En Panamá solo tenemos dos estaciones: la seca y la lluviosa. Y no soñaba yo con otoños, no podía, hasta que Rafael Alberti me enseñó todos los otoños con un solo verso. "Es el descenso del verano". El poeta escribe a Aitana, su hija. Entonces -aquella primera vez que el verso entró en el alma-, vestía yo la infancia como un todo eterno. Y sobrevino el asombro. El poema fluía hacia aquel nombre recién descubierto: Aitana, tres "A" como Panamá, y el otoño asaltó al niño: "aquí, amarillos/ astros de otoño a punto de caerse?".

Entonces soñé otoños. Alberti dice en "Otoño", que la estación ocre es "la más fantástica, / vigorosa estación de las cuatro estaciones". Y pensé ¿para cuándo mis otoños? Nada hacía presagiar, en la conciencia del niño y el joven que fui, que el otoño estaría a la vuelta de una terrible Invasión.

Cuando digo que el otoño es la estación que prefiero, algunos no me creen. "Pero si eres Caribe y sol", afirman, y yo les digo que a mí lo que me inspira es lo otoñal, las ráfagas frías de nostalgia, el caer sordo de las hojas de los árboles, las primeras lluvias y fríos que invitan al abrigo y al recogimiento.

Creo que llevo en el alma una pátina de sombras metálicas y amarillas que consuelan las distancias. Creo. O serán las imágenes que pintó para mí Rafael Alberti en "Los poemas del destierro y la espera".

Desde Madrid, en estos días, el otoño todavía no es, por lo menos en sus formas evidentes. Un veranillo moribundo todavía campa por los rincones de una ciudad en la que pronto anochecerá varias horas antes. "Los madrileños no tenemos tampoco otoño", me dicen (al final todos somos panameños), "solo verano o invierno", pero mis ojos ya están llenos de la pintura poética de Rafael, que ciñe su frente y la mía con hojas de las viñas de otoño.

Y una canción, también, pintó una imagen del otoño en mi memoria que todavía no era. José Luis Perales, compuso en 1982 "Canción de otoño", cuya atmósfera invadió mi imaginación. Los días grises, su tristeza al parecer innata, los paraguas, la lluvia, "sentarse al borde de la noche"? el otoño y todas sus posibilidades. Y quise el otoño sin saber cuándo me llegaría.

El año empieza, para mí, en otoño. Se quedan atrás las memorias estivales y se abrazan nuevos proyectos. Es el momento de volver a las rutinas, de arrimarse más en la cama, de hacer acopio de calorías para el invierno. Lo ocre y desteñido del otoño, lo quebradizo de sus hojas, son la materia de los recuerdos. Es la estación propicia para volver a leer, para escribir y buscarse, al arrullo del viento y de la lluvia, matices profundos. En otoño colocamos las provisiones de nostalgia y recuerdo para soportar el frío.

Por estas fechas, repaso unos versos de Alberti, a los que vuelvo siempre: "Otoño silencioso de este bosque, / ¿me estoy desvinculando de la patria, / alejando, perdiéndome? / Haz que tus hojas, que se lleva el viento, / me arrastren hacia ella nuevamente / y caiga en sus caminos / y me pisen y crujan / mis huesos confundiéndose/para siempre en su tierra".

El otoño es para mí una vuelta a casa desde el frío, es una renovación de mi compromiso con mi gente, con el país que recibió mi vida y sus escombros. Nunca pensé que los senderos retorcidos del otoño me acercaran tanto a Panamá y sus tres "A", como las de "Aitana". El otoño me acerca al terruño si me despisto en necedades vanidosas. Tal vez nos falte un otoño para centrarnos en lo que de verdad importa para este país. Quizá necesitemos una súbita perdida, cierta lejanía triste para renovar nuestra vuelta a casa, para que nuestro orgullo pisoteado cruja y se confunda para siempre con la tierra que nos parió.


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994863
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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