Una ciudad en desarrollo, con edificios inmensos, con con áreas sociales envidiables, con servicios sociales de todo tipo, centros comerciales como si tuvieras el mundo en tus manos...
Para transitar por esos sectores de la ciudad hay que tener en buen estado la nuca, porque la cantidad de edificios tan majestuosos la mantienen erguida durante mucho tiempo.
El crecimiento y desarrollo del área ha sido tal que me fue casi imposible identificar lugares que en el pasado recorrí a pie y en bicicleta. Hoy no hay rastro. No hay puntos que me ubicaran; solo la sensación de que estuve allí, pero no sé dónde.
Solo quedan en pie, en medio de una amplia avenida, unas viviendas que formaron parte de San Sebastián.
Paitilla es otra. Es prácticamente una miniciudad. Quien llega allí y ve semejante bonanza no echa por tierra las cifras que se manejan de crecimiento y desempleo en Panamá.
Pero si echamos la mirada hacia otro lado y sus realidades, la situación es otra.
La canasta básica para la gran mayoría de los panameños es la preocupación diaria. Podemos hacer ajustes para consumir menos energía eléctrica, en compras de bienes y servicios, pero no en los alimentos. Por más que te ciñas el cinturón ya este no aguanta.
Lo que en verdad preocupa es que, mientras en la Asamblea de Diputados se discuten iniciativas para instaurar un seguro médico a turistas y fortalecer esa industria en la rama de la salud y la creación de la Sala Quinta, los productores de maíz de Los Santos agonizan. Más de 100 camiones repletos no han podido secar el grano. Los productores no pueden seguir produciendo con los precios actuales ni vender el grano a lo que le oferta el mercado. Igual pasa con las frutas, en fin todo el agro.
Mientras, los usuarios seguimos comprando menos y más caro. Crecimiento y desarrollo también deben llegar al campo, pues, de lo contrario, no habrá mentes ni cuerpos sanos que lo sustenten.