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El paraíso escondido

“Y Yavé Dios le inspiró al  hombre en el rostro aliento de vida”  Génesis


Juan Pea, de cuyo verdadero nombre no me puedo acordar, tenía una rancha (así la llamaba él) a la orilla del río de Tocumen. Como cualquier rancha que se respete, la de Juan ostentaba un nombre: "El Paraíso Escondido". Y te voy a decir la verdad, no le quedaba grande el nombre. No porque la tal rancha fuese enorme, lujosa o espectacular y mucho menos celestial, sino por la exuberancia que resumaba su entorno selvático; por la niebla misteriosa que la cubría en las madrugadas de invierno; por el concierto de las aves y el olor de la floresta; por el murmullo del río que se deslizaba perezoso y tranquilo allá abajo, a unos metros de distancia; por el caimito, el mango, el mamón, el aguacate, el marañón de curazao y el mamey que se alternaban para darle frutas todo el año; pero, sobre todo, por el mismo Juan, porque ahora, mientras más años pasan, y más lo remoza y esmerila la muerte, comprendo a plenitud que él era un tipo mitológico, o cuando menos, bíblico.

"El tiempo" de Juan era único. Bebía la vida a grandes tragos. Yo traté de imitarlo inútilmente. El estilo inigualable que tenía Juan de hablar (un cuarto meloso, un cuarto maloso, y mitad cuentero persa) y de bailar (mitad apache, mitad Cab Calloway), y porque siempre recibía a sus visitas con una vieja bata de colorines que en la espalda lucía un "Adán" bordado en letras gruesas en negro y oro (que de seguro le estampó alguna de sus antiguas queridas de "El Barrio"); y porque llegar hasta ahí era toda una odisea ya que había que atravesar riachuelos, meterse en zanjas y hacer nuevas trochas, no había más remedio que aceptar que aquella rancha era ciertamente un Paraíso escondido.

Invicto en mi memoria queda aquel viejo caserón (de madera bendita porque jamás de los jamases, albergó una polilla). Lujosa por el baño y las tres recámaras de la planta alta, separadas por paredes de cartón con huecos disimulados detrás de las coloridas y excitantes páginas centrales de viejos Play Boy (Jane Mansfield y Marilyn Monroe tersamente desnudas porque la vida no alcanzó a ponerles arrugas).

 

Te brindo esta columna, Juan, porque naciste un 28 de diciembre y nunca fuiste una inocente mariposa, pero sí fuiste mi amigo y me dejaste compartir tu Paraíso. Aquí te doy las gracias.


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315857
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América