A través de las paredes del Hipódromo Presidente Remón, cada vez se escucha más fuerte el eco de un rumor tenebroso.
El primer capítulo de esta historia comenzó hace más de 10 días, cuando se produjo el recorte de dos narradores del equipo que describe las carreras de caballos, pero parece que el tema tendrá consecuencias ulteriores y que van más allá de ajustar gastos.
Todo parece indicar -según informaciones a las que tuvimos acceso- que el siguiente paso es cancelar las transmisiones de las carreras a través de la estación de radio que, desde hace más de 10 años, ha prestado ese indispensable servicio.
Se está considerando ese paso basados en el "costo elevado" que tiene el servicio (unos $5,300 mensuales). También se argumenta que los hípicos tendrían la opción de seguir las carreras mediante la televisión por cable, mientras se concrete un acuerdo con otra estación que ofrezca un servicio más óptimo.
Aunque no se ha tomado una decisión firme al respecto, el simple hecho de que se esté considerando la posibilidad de trastocar la difusión radial del espectáculo hípico, aterra.
Se podrá argumentar que la estación que presta el servicio tiene una señal paupérrima y que el costo no se compadece con el servicio que presta, pero de allí a que sea innecesaria la cobertura, es otra discusión.
Abrigamos la esperanza de que antes de tomar una decisión ya se tenga amarrada una nueva opción.
Sería dejar un vacío, aunque sea temporal, a la vez que esto representaría un segundo hoyo en el camino de la hípica, porque el "simulcasting de eventos hípicos", principalmente desde Estados Unidos, tiene su soporte en las transmisiones radiales, más para aquellos que no están en las agencias de apuestas o en las instalaciones del hipódromo.
Hay que anotar que desde hace unos meses la presentación de las carreras internacionales tampoco está al acceso de todos los televidentes.
Quienes están considerando la idea de hacer alguna movida estratégica con el único altoparlante con que cuenta la hípica, deben considerar el temperamento de los apostadores. No jueguen con fuego.
Hay aspectos como la movilidad en la ciudad, las características socioeconómicas de los que sostienen las apuestas, además de una cultura radial que ha persistido en Panamá a través de generaciones. Este es un pueblo esencialmente auditivo y los hípicos no son la excepción.
Los tiempos en que dos, tres y, hasta cuatro emisoras, transmitían las carreras ya no volverán; en eso estamos claros.
Frente a esta realidad y teniendo el hipódromo prácticamente un monopolio, porque la otra empresa que transmite (Sol 88.9) solo lo hace los fines de semana y no sabemos cuánto durará ese entusiasmo, hay que calcular bien la movida.
Aunque siempre habrá una que otra estación necesitada de ingresos y audiencia que pueda ser seducida por la idea de transmitir las carreras de caballos, tampoco es que haya gente formando fila para ello.
Antes eran solo tres días de carreras nacionales con interrupciones de media hora dentro de la programación regular de las estaciones de radio, ahora estamos hablando de carreras todos los días y la mayoría de las veces desde el mediodía hasta entrada la noche.
La hípica no está en condiciones de perder espacios ni darle ventajas a la competencia, que es feroz.
Ojalá que esta escaramuza sea para bien y no un mal cálculo que se convierta en un paso que los lleve al precipicio.