Thelonious Monk es el modelo del artista que está fuera de sí, “gone in”, como decía una amiga de mi abuela cuando el comportamiento mental de algún conocido era sospechoso. Pero es que cuando eres diferente se sufre; el tipo común y corriente está feliz de la vida escuchando cualquier basura que dispare la radio, junto a medio galón de ron, hablando de cualquier cosa con el vecino o un par de amigos.
En el caso de Monk, el pianista nace con una condición de pensamiento aislada y muy original; incluso sus colegas “progresivos” sospechaban de la validez de su visión, lo que sin duda agravó su ya frágil condición emocional.
Monk nació el 10 de octubre de 1917 en Carolina del Norte, EE.UU., pero se cría en la ciudad de Nueva York en medio de toda la fabulosa música de Fats Waller, Art Tatum y Duke Ellington.
Desde muy joven se inclina hacia el piano y en su adolescencia participa en algunas bandas en las que pone a prueba su estilo poco usual.
Este “estilo” o forma de tocar de Monk no provenía, se podría decir, de ninguna parte o por lo menos es muy difícil descifrar sus influencias y esto le hace dura su existencia durante los diez primeros años de su vida profesional (1945-1955).
Igual que con el caso de Lester Young en el que la esposa del líder de orquesta Fletcher Henderson le pidió al tenorista que tratara de sonar como Coleman Hawkins, cuyo estilo estaba “pegado”, las agrupaciones pedían a Monk que tocara, si no exactamente en el estilo de los pianistas más comerciales, por lo menos que no fuera tan “ácido”. Él hizo lo posible (tenía que comer, aunque fuera muy poco), pero a las finales siempre le salía el cobre y le pedían que dejara el trabajo.
Con todo y su estilo poco usual sí hubo productores que reconocieron su talento; esto era cuando los sellos disqueros eran empresas familiares formadas entre hermanos y amigos, personas comprometidas con el desarrollo de la música que no pensaban tanto en cuánto dinero se iba a hacer o qué revista habría que sobornar para que a los artistas se les concediera una portada, una larga entrevista o una nominación al premio más estúpido de la industria, el “grammy”.
Alfred Lion, del sello Blue Note, grabó a Monk de los años 1947 a 1948 y de 1951 a 1952. Para el sello Prestige grabó de 1952 a 1954, y en 1954 también trabajó en una sesión para el sello europeo Vogue y para el americano Verve. En 1955, con el sello Riverside y el productor Orrin Keepnews, Monk trabaja en un disco de música de Ellington y otro de “standards” para tratar, según Keepnews, de ser más apetecible a al aficionado de jazz común.
Esto ciertamente ayudó, mas, según los historiadores, el momento crítico cuando la “suerte” de veras le cambia Monk es cuando en el año de 1957 empieza un contrato en el club Five Spot de Nueva York con un cuarteto que incluiría a John Coltrane en el saxofón tenor (sin duda que esta colaboración también impulsó la carrera de Coltrane). De aquí en adelante, la misma gente que decía que Monk era un plomo ahora vociferaban a los cuatro vientos cuán genial era el pianista… pero así son las cosas. Monk hasta su muerte, en 1982, mantuvo su “popularidad” dentro de los círculos especializados, realizó exitosas giras por todo el mundo y hoy es un verdadero clásico de la música. Pero a Thelonious Monk hay que escucharlo, sólo así conocemos la historia completa.