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El porqué de los talleres literarios

Si bien la mayor parte de los buenos escritores de todos los tiempos se han formado solos, no cabe duda que la discusión exigente de los textos ajenos y propios que estas instancias docentes propician y producen es una oportunidad invaluable...


En relación con el libro titulado “Taller de escapistas”, antología del taller de cuento impartido por Carlos Wynter Melo en el 2006, que compendia obras de nueve escritores, me permito hacer algunos breves comentarios de algunos de los cuentos breves que he tenido la oportunidad de leer.

Antes de eso, conviene hacer algunas anotaciones sobre la importancia de los talleres literarios como semillero de nuevos escritores o talleres de afianzamiento para aquellos que ya cuentan alguna experiencia en el mundo narrativo. En este sentido, en la obra del escritor y promotor cultural panameño Enrique Jaramillo Levi titulada Por obra y gracia(Hacia una poética del cuento) encontramos un ensayo titulado “La utilidad de participar en talleres literarios”, en que este connotado autor nacional indica que pasar por estos talleres”…, significa transitar por atajos que lamentablemente no todas las personas que empiezan a escribir han podido aprovechar. Y esto es así, porque si bien la mayor parte de los buenos escritores de todos los tiempos se han formado solos, no cabe duda que la discusión exigente de los textos ajenos y propios que estas instancias docentes propician y producen es una oportunidad invaluable para el ejercicio de la crítica y la depuración de la obra personal. Pero hay muchas razones para no poder o no querer someterse a los rigores de ese tipo de convivencia intelectual grupal, que entre otras cosas exige tiempo.

Estas palabras vertidas por Enrique Jaramillo Levi son corroboradas por lo planteado por Adolfo Bioy Casares en prólogo hecho a la obra Antología de la literatura fantástica, obra de Jorge Luis Borges, el mismo Bioy Casares y Silvina Ocampo, en que expresa: “No debe confundirse la posibilidad de un código general y permanente, con la posibilidad de leyes. Tal vez la “Poética” y la “Retórica” de Aristóteles no sean posibles, pero las leyes existen; escribir es, continuamente, descubrirlas o fracasar... Habrá que indagar las leyes generales para cada tipo de cuento y las leyes especiales para cada cuento. El escritor deberá, pues, considerar su trabajo como un problema que puede resolverse, en parte, por las leyes generales y preestablecidas, y, en parte, por leyes especiales que él debe descubrir y acatar”.

 

Desde otro punto de vista, los talleres literarios sin duda pueden ayudar a quienes asisten a los mismos a encontrar su propia voz. En este orden de ideas, al responder en la obra señalada en el párrafo anterior el autor René Avilés Fabila a Mempo Giardinelli si realmente creía que sirve un taller expresó: “Yo creo que sí. Un escritor se hace con el trabajo diario, con escribir permanentemente y con mucha lectura. Pero un taller ayuda porque enseña a discutir, a comentar, a conocer autores, a develar ciertos trucos, a mejorar el uso de recursos, a evitar este o aquel vicio, cacofonías, repeticiones, etcétera...”.

Entrando en materia, y refiriéndonos a la obra titulada “Taller de escapistas”, que ocupa nuestra atención en este breve escrito, debo elogiar el atinado compendio y orden establecido para brindarnos las narraciones de los nueve escritores, advirtiendo que todos los relatos compendiados de los mismos resultan de meritoria calidad literaria: Sabúl Hernández, Hjalmar Jones, Silvia Fernández-Risco, Yolanda Ríos de Moreno, Daniela Stransky, Jairo Llauradó, Dairo Herrera, Eduardo Lince y Lissete Lanuza.

Me permito mencionar el cuento ficcional titulado “El Jardinero”, obra de Daniella Stransky, en el cual la sorpresa hace del mismo una narración que dice mucho del dominio de la autora de uno de los recursos más ponderables del cuento breve, nadie podría imaginar el final del mismo, que reordena toda la estructura imaginativa que, con su redacción, se iba entretejiendo en la mente el lector, pero dejemos algunos párrafos del propio cuento confirme nuestras palabras: “Discúlpeme, no vine ayer porque estaba lloviendo. Usted sabe muy bien que es imposible a mi edad estar bajo la lluvia cuidando las plantas. No, señor, no puedo. ¡Imagínese, me viene una pulmonía y me muero!

 

“Debo apurarme porque el tiempo vuela. Después de trabajarle a usted, iré a ver a la señora Carmela que vive a una cuadra y tiene unas plantas preciosas. Quien más las aprecia es su hija. Viene a visitarla muy a menudo y se queda largo tiempo contándole sus cosas. A veces, la veo que se va llorando. No sé por qué, ya que la mamá está muy bien y, que yo sepa, no tiene problemas…

.....

“El otro día, conocí a un niño de apenas ocho años.

 

“Lo sentí medio triste.

“Para hacerlo más feliz, en esa nueva vecindad, empecé a contarle un cuento que mi papá me enseñó cuando era niño. Me parece que lo entretuve mucho, pues no dijo ni pío para interrumpirme. Incluso, le dije que oyera cómo era lindo el canto de los pajaritos que descansan en las ramas de estos árboles que nos cercan, mientras las hojas bailan y bailan al ritmo de la brisa. Le gustó. ¡Estoy seguro que le gustó todo lo que le fije!

“Prefiero hablar con los chiquillos porque son más pícaros, mientras que los ancianos son sordos y no me oyen bien.

 

“Me enorgullezco de mi trabajo de jardinero, lo llevo muy a pecho: aquí dejo la grama bien peinada y planto por todos lados florecitas multicolores que alegran todavía más el ambiente.

“Sí, le confieso, realmente me gusta mucho estar trabajando en este cementerio, ya llevo en eso más de cuarenta años”.

Otra narración que a mi juicio debo destacar resulta el cuento denominado “La Cuchi”, del autor Eduardo Lince F., en el cual la textura del lenguaje, la creación del ambiente y las escenas componen lo que sin duda es un relato de verdadera crítica social, en que el análisis sicológico de los personajes entra en juego de manera bien acabada, y en que el autor echa mano de un lenguaje que lleva el tema de soslayo, lo que hace la trama aún más interesante, pues se inserta de manera aguda y para nada panfletaria en el desafecto del personaje principal respecto de sus congéneres, aquí algunas fragmentos del cuento en asunto: “¡Qué barbaridad!, siempre me arrepentiré de haber invitado a la Cuchi a formar parte de nuestro Comité de Ayuda Social. Su comentario sobre el ‘baño de pueblo’ que nos íbamos a dar, al enterarse en qué cafetería nos reuniríamos, fue la primera señal de alarma.

“Pues bien, la cita en cuestión era a las tres de la tarde (para darle tiempo a que fuera al salón de belleza). Nos acompañaron Teresita y Maruquel, dos amigas muy queridas para mí. Cuando llegamos al punto de reunión, la Cuchi fue a la carga.

“–¡Ay, no!, en la terraza del restaurante no, llegan demasiados pedigüeños, además se dañará mi ‘blower’ con la humedad.

......

“–¿Es que acá no atienden? Está bien que esté a dieta pero no me maten de hambre… oye, tú esta niña, ¿quién atiende esta mesa?

“La mesera se acercó apenada.

“–Ustedes disculpen, señoras, pero hay poco personal hoy, y…

“–Eso no es asunto de nosotras, te voy a reportar con el gerente, ¿cuál es tu nombre?

“–Yarutzenia– contestó agachando la cabeza.

“–La Cuchi soltó una carcajada. Luego de que tomara las órdenes, la muchacha se retiró. Teresita intervino.

“–¿Qué te hizo tanta gracia?

“–¡Ay, no!, a quién se le ocurre ponerle ese nombre a alguien, es como la hija de mi empleada que se llama Emileidi.

“En esta ocasión la tuve que llamar al orden... Fue entonces que Teresita saltó al rescate.

“–Por cierto, Cuchi, por qué nunca usas tu nombre verdadero en lugar de ese apodo, ¿acaso también tienes un nombre raro?

“–¡Ay, no! ¡Nada que ver! Tengo un nombre muy cristiano, mi mamá era devota de la Virgen –dijo cambiando el semblante– lo de Cuchi me lo dicen desde que era una ‘baby’.

“–¿Cómo te llamas?– insistió Teresita.

“–Ante el evidente silencio de la interpelada no que quedó más remedio que contestar yo, poniendo énfasis en todas las sílabas.

“–Su nombre completo es:

MARÍA DE LOS DESAMPARADOS

“–¡Ay, no!– gritamos todas al unísono, entre carcajadas.”

Estas narraciones son prueba evidente del resultado que puede generar un buen taller literario y claro, clarísimo, siempre contando con el talento e ímpetu de los que incursionan en la literatura. Hoy día me permito recomendar el taller literario de Carlos Wynter Melo –escritor y promotor cultural– que se realiza en la Librería Exedra Books todos los lunes a las seis de la tarde y el diplomado en Creación Literaria que organiza el escritor y promotor cultural Enrique Jaramillo Levi y que se realiza en la Universidad Tecnológica de Panamá, el cual empieza en el mes de marzo.


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659014
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América