Claves
- Ganadores del Príncipe de Asturias
- Artes: Michael Haneke
- Comunicación y Humanidades: Annie Leibovitz
- Letras: Antonio Muñoz Molina
- Deportes: José María Olzábal
- Ciencias Sociales: Saskia Sassen
- Investigación Científica y Técnica: Peter Higgs y François Englert
- Cooperación Internacional: Max Planck
Al final no pudo ser: la Sociedad Max Planck se llevó el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional al que aspiraba nuestro Canal de Panamá. Así es la vida. Lo que nos queda de toda aquella aventura es una maravillosa historia de unidad, cariño y ganas de hacer más grande a nuestro país.
Todo nace, según me dijo mi amigo, el espameño Juancho Armas Marcelo en la tertulia lunática del Café Gijón, de la mente de Hilario Suárez, un asturmeño de pura cepa, responsable de esa maravilla que es Taberna 21 en Vía Argentina, que me toca visitar pronto. Luego recoge el testigo Juancho, flanqueado por el que habría podido ser perfectamente un novelista canalero, nuestro querido Sergio Ramírez, nicaragüense para más señas, si un sello no hubiese cambiado la historia.
Se hicieron campañas de adhesión a la candidatura, firmas por aquí y por allá, satisfacción entre todos por la oportunidad y, en más de un caso (me consta), la sensación de que todo aquello era una soberana majadería. Los entusiastas de la ignorancia son así.
El Canal representa muchas cosas: el ingenio y el tesón humano, el nexo comercial que permite que el progreso pueda ir y venir con su carga de contenedores de mercancías sin tener que rodear el continente. Representa la lucha de una nación que deseaba que sus fronteras fueran solo cuatro y no cinco como dijo el viejo dictador.
Habría sido un grandísimo reconocimiento a la excelencia y buen hacer de los panameños que ahora gestionamos en solitario esta gran obra de la humanidad y que lo estamos haciendo con un altísimo nivel profesional y creativo. Pero la vida sigue y habrá que volver a intentarlo.
Que nuestra posición geográfica y la construcción del Canal han modificado nuestra realidad es algo que cantamos en el himno nacional desde siempre: “ves rugir a tus pies ambos mares/ que dan rumbo a tu noble misión”, misión que hoy ya cumplimos solos sin la tutela de ningún otro país. Somos una tierra de novelas por escribir, de historias que contar, .
pro mundi beneficioCon las noticias que vienen de Nicaragua y su proyecto chino y turbio, el hecho de que uno de los que postularon nuestro Canal sea nicaragüense es una de esas diabluras literarias e históricas que nos hacen sonreír. Recuerden que, según los textos, cuando el canal nicaragüense estaba tomando fuerza a principios del siglo XX, Bunau Varilla se las ingenió para hacerles llegar a los senadores del Congreso estadounidense una tarjeta en la que se hablaba de la actividad volcánica de la zona. No hay duda hoy de que lo que más influyó en los que tenían que decidir por dónde iría el futuro canal fue la visión del volcán Momotombo (no busquen a Malcon Lowry), con su cima humeante y amenazante en un sello postal puesto en circulación por los propios nicaragüenses.
Y desde ese sello hasta hoy, hasta esta candidatura fallida que no va a mermar nuestro interés en ese reconocimiento que bien se merece una de las construcciones humanas más importantes del mundo contemporáneo. La historia nos guiña el ojo y nos saluda con una risita de “yo no fui”. Por eso, Sergio Ramírez podría haber sido definitivamente un escritor canalero.
Pero debemos seguir aspirando a ese premio que se ha convertido en una suerte de Nobel iberoamericano. A la “marca Panamá” le conviene y esa proyección internacional de los Premios Príncipe de Asturias prestigiaría aún más, si cabe, al Canal de Panamá. Ya tenemos trazada la idea, recogemos el testigo de los buenos amigos de nuestra tierra. Ahora a nosotros nos toca volverla a presentar esperando que “el Príncipe” se fije en nuestro Canal, que lleva muchos años mereciéndose tan importante reconocimiento.