El Concurso Ricardo Miró es algo así como el sueño de los jóvenes escritores en Panamá. Si envía una obra a competir, los meses que demora desde el momento en que la entrega al INAC, hasta el minuto en que los Jurados se reunen para dictar sus fallos, el escritor vive una especie de vigilia entre angustia y sueños de triunfo. Por favor, no hagas una mueca y digas: «Yo no sufro de esas calenturas». Si fuera verdad que puedes pasar sin escalofríos ese tiempo, sin sueños, sin planes de cómo te vas a vestir para recibir tal honor y cuáles serán tus contestaciones al asedio periodístico (que nunca se da), si juras para unos y otros, y hasta para ti mismo que no va a cambiar tu modo de caminar por la vida el hecho de ser reconocido como escritor por jurados idóneos, estás en un nivel fuera de lo humano. O sufres de una frigidez emocional que hará sospechar de tu verdadera identidad: ¿Eres realmente de este planeta?
No, joven amigo, déjate llevar por los dulces estremecimientos, disimula el escalofrío cuando alguien mencione el concurso. Sueña en colores con la fanfarria de tu obra publicada... y con los quince mil dólares. Haz una lista de cómo los gastarás. «¿Estuvo bien el título que le puse a mi querido y estupendo libro? Y si me escogen para decir las palabras en nombre de los ganadores? El vibrante discurso que me dispararé será de colección, de antología».
Todo eso es parte del juego, sí mis jóvenes escritores, así se es humano. Y les diré algo más, todo eso también va con los mayorcitos, con la gente grande (no de tamaño sino de años), porque no importan las canas, nunca se pierde la otra parte de la vida, la ilusión onírica.
Si no ganas, el mejor consejo que te doy es “No te rindas, sé un verdadero escritor, sigue tecleando tus asuntos y metáforas. Y si eres fanático como yo del Miró, seguirás enviando tu obra al mejor estadio literario de Panamá, dispuesto a destronar a los viejos campeones de las letras.
Si ganas, prepárate para los abrazos sinceros y para los otros. Cuidado, entre las sonrisas, si escuchas con atención, podrás deletrear algunas maldiciones. ¡No importa, ganaste!
Y si por una falla legal pierdes el premio, poeta, ya sabes que ganaste. Puedes ganarlo otra vez.
Y ahora, despierta y escribe.