Sin duda, la Feria Internacional del Libro de Panamá se nos ha crecido. Luego de once ediciones, el reconocimiento social y el aparente éxito comercial, resulta evidente que este acontecimiento anual ya camina con pantalones largos.
Y como todo ser vivo, conforme se va madurando, hay que hacer ajustes para enfrentar los retos que, inevitablemente, habrá que enfrentar para sobrevivir y garantizar la longevidad.
A pesar de la ausencia del máximo representante del poder ejecutivo en la jornada de apertura ?situación que ha trascendido varios gobiernos? existe consenso general de que la Feria Internacional de Libro de Panamá es necesaria y tiene gente que la espera y sigue.
Pero hay detalles que afinar. Cada año son más las quejas de la gente sobre el precio de algunos libros, los cuales no se compadecen con el concepto ferial. Hubo quienes se tomaron el trabajo de asistir a la feria y después comparar en las librerías y llegaron a la conclusión de que no era necesario ir a Atlapa.
Entre las tareas pendientes está el fortalecer los canales de comunicación mediante las plataformas digitales. Fue muy poca y menos útil la información y la interacción que se podía establecer con la Cámara Panameña del Libro en redes sociales y en su web. Fueron más evidentes los esfuerzos individuales de los escritores, la prensa y otros grupos, en su mayoría dispersos y diferidos. Hay que trabajar más en esa dirección.
Por otra parte, ante el crecimiento, al cual nos referimos al principio, la FIL-Panamá debe considerar la posibilidad de extender su alcance. Al principio era absolutamente necesario convocar a la gente hacia la sede de la feria, pero ahora que ya se tiene un público cautivo y en crecimiento sostenido, es el momento de que la feria se sienta y sea efectiva en toda la ciudad y, por qué no, a nivel nacional.
La manera de hacerlo es que durante los seis días que dura la feria o al menos en algunos ellos, las librerías tengan precios de feria para permitir que aquellos que no puedan llegar a la misma tengan la posibilidad de adquirir libros rebajados. Al final de la historia lo que se quiere es que se vendan los libros y que la gente lea. Esa misma medida debieran aplicarse al interior de la país para que la FIL-Panamá también llegue a las provincias.
Lo hecho hasta ahora es plausible, pero ya es hora de apuntar más alto.