La noticia de que las apuestas en el hipódromo descendieron aproximadamente 3 millones de balboas al terminar el año pasado, aunque no es sorpresiva, no deja de ser un tema sobre el cual debemos poner atención.
Es cierto que hubo muchos factores que incidieron en ese resultado que va en contravía con respecto a las temporadas inmediatamente anteriores, pero más que resignarse o lamentarse, lo que se impone es crear tácticas y estrategias para revertir esa tendencia.
La competencia directa del hipódromo (casinos, lotería, etc.) cada vez acentúa más la oferta de actividades y premios para sus clientes habituales, así como a los potenciales visitantes. En eso es lo que se debe trabajar, si la hípica no quiere seguir padeciendo las embestidas de la inmensa oferta que hay en el mercado.
Este año, que recién se inicia, representa una buena oportunidad para cambiar patrones de conducta, ensayar mejores propuestas y darle un giro de timón a la nave de la hípica.
Habría que comenzar invirtiendo en medios que tengan mayor impacto en la opinión pública y crear una plataforma de comunicación menos ortodoxa y, por ende, más acorde con la realidad comunicacional de la época.
En otras palabras, hay que proyectarse más hacia fuera porque ahí está el mercado. Los que van todas las semanas no van a renunciar, así que el reto es conquistar nuevos bolsillos, nuevas pasiones.