Como una lluvia de mundos paralelos, entrelazados en un solo momento, resultan los textos de la ópera prima de Dennis Smith El Rey del truco soy yo. Catorce dosis de una prosa que profana la rutina de sus personajes. Hechiceros, suicidas, triángulos amorosos, dioses y alucinados se amalgaman para ofrecernos un universo fuera de la cotidianeidad.
La muestra es un catálogo de técnicas donde el flash back y el relato horizontal parece ser la herramienta predilecta.
El Rey del truco es un contador de historias que cuenta y se involucra mientras fabula. Deslumbrante me resulta, en mi carácter de lector, acostumbrado a asombrarme de las truculencias de los hacedores de ficciones, los finales de algunos de sus cuentos como lo pueden ser: Catedral, Contrabajo, Espejismo…
“Salto al vacío” y “Eterna despedida” me parecieron cuentos espejos. El autor mantiene cierta correspondencia con el tema de la muerte y el suicidio. Establece un proceso de producción que busca sorprender al lector. La mayoría de las veces logra el propósito. Hace suya la máxima de Poe: “Lo único merecedor de consideración es la novedad del efecto, y que ese efecto se logra mejor a los fines de toda obra de ficción –o sea, el placer- evitando antes que buscando la novedad absoluta de la combinación”. He aquí el mérito de las parrafadas del Rey…
Cuando se enfrasca en la narración en contrapunto, también logra portentos, dignos de consideración. Tal es el caso de “Catedral”. Nos lleva de la mano, nos sacude a lo largo del trayecto, juega al gato y al ratón, uno no sabe qué esperar. Apoyado en el recurso de la misa, nos describe y nos descubre mientras la oculta… a Amalia…
Otro aspecto a destacar es “el clamor alegórico de las historias” que cuenta Dennis en Miradas. Tiende a enfrentar ciertos vicios y prejuicios del hoy por hoy. Con sorna y sutileza, traduce su muy particular opinión sobre las argucias del “poder”.
Sus personajes son apenas sugeridos, pero le funcionan, mientras se mueven en la realidad que van transgrediendo. A los cuentos de “El Rey del truco” uno se debe asomar para identificarse con los tiempos del narrador, pues nos está narrando en presente, cuando algo ocurre en el pasado, y viceversa.
Testigo, personaje, acción, víctimas, victimarios, circunstancias, todo va a la bolsa de trucos del hechicero, a los pases de “macalusia” de este joven del que podemos esperar nuevos trucos.