El mismo pueblo que acompañó a Pedro "El Rockero" Alcázar cuando logró el título mundial supermosca, ayer lo acompañó a su última morada. Como paradoja de la vida, el mismo escenario en el cual vio coronado su caro anhelo de convertirse en monarca universal el 16 de junio del año pasado, sirvió para acoger sus restos mortales, el gimnasio Roberto Durán.
Si el año pasado libró una dura batalla para conseguir el cetro terrenal de la división de las 112 libras, ayer en ese mismo lugar el púgil optaba por ceñirse la corona del descanso eterno y la inmortalidad, pues le tocó escribir una corta pero dramática y encomiable vida aquí en la tierra.
El Gimnasio Roberto Durán fue sede de un homenaje póstumo por parte del INDE y la Comisión de Boxeo de Panamá y de la ceremonia religiosa que estuvo a cargo de la Iglesia Hossana. Desde tempranas horas de la mañana familiares, amigos, fanáticos del boxeo, periodistas, autoridades del gobierno y público en general se dio cita al coliseo deportivo para darle una despedida como se lo merecía.
"El perdió su vida terrenal, pero hoy ha ganado la corona de la vida eterna, fin primordial al que debe aspirar todo ser humano", manifestó el reverendo Edwin Alvarez, de la Iglesia Hossana, durante el sermón de las honras fúnebres de quien en vida se llamó Pedro Alcázar, un joven que logró una de sus metas que era darle al pueblo panameño un campeonato mundial de boxeo. Las actividades relacionadas con las exequias del ex campeón mundial se reanudaron ayer a las 9 de la mañana. "En estos momentos Rockero libra su mayor batalla por la vida eterna. El le pidió a Dios perdón por sus pecados y le fueron perdonados", dijo Alvarez en su mensaje.
Recordó que después que la persona muere y no se arrepiente de sus pecados, es muy tarde, pero Alcázar antes de emprender viaje a la ciudad de Las Vegas, había pedido la bendición del todo poderoso. Agregó la autoridad religiosa que no importa el nombre real o que que haya tenido Alcázar, ya que lo importante fueron sus obras que dejó en la tierra. "En la tierra llevaba puesto ante de sus peleas una bata. Ahora lleva la bata eterna. En el cielo es una columna del reino de Dios", expresó el pastor.
Recuerda el reverendo de la Iglesia Hossana que antes de combatir por el título mundial, Pedro "El Rockero" Alcázar fue a la iglesia para pedir que oraran por él y que Dios lo dirigiera el día del combate. Añadió que luego de ceñirse la corona, Alcázar regresó nuevamente al templo y en una reunión de jóvenes presentó su cinturón a Dios como muestra de agradecimiento. "El quería cambiar la juventud. Quería retirarse y servirle a su pueblo", dijo el pastor evangélico.
Previamente, los actos iniciaron con un homenaje póstumo organizado por el Instituto Nacional de Deportes (INDE) y la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá. La actividad inició con las palabras del presidente de la COMIBOX de Panamá, Alberto Guerra, quien pidió que "El Rockero" siga siendo un ejemplo para las generaciones futuras. Posteriormente se leyeron varias resoluciones de duelo de parte de la presidencia de la república, juntas comunales, organizaciones boxísticas, entre otras.
Cabe destacar que durante el homenaje y ceremonia religiosa, el Cuerpo de Bomberos de Panamá hizo guardia de honor al cuerpo sin vida de Alcázar e inclusive hubo un momento en que fueron relevados por los ex campeones mundiales Roberto Durán, Luis Ibarra, Hilario Zapata y Mauricio Martínez, como parte del protocolo. Como último punto, se sonó 12 campanadas en señal de despedida del recinto deportivo.
Posteriormente el cadáver del boxeador panameño fue trasladado en un carro bomba con destino al Cementerio Amador, en donde se le dio cristiana sepultura. Una caravana de autos siguió el vehículo que transportaba al ex campeón mundial hasta llegar al corregimiento de El Chorrillo. En la despedida final, el dolor y consternación se apoderó de la mayoría de los asistentes e incluso hubo dificultad para meter el ataúd a la fosa que se había destinado para los restos del púgil istmeño.