En las últimas cinco semanas he volcado un poco la dinámica en el quehacer periodístico. He leído propuestas, reflexiones, historias matizadas con ficción, encanto y talento. Una visión distinta de la realidad, la vida, la gente y los problemas, e inclusive de las soluciones.
He meditado y disfrutado con satisfacción, y entre risas, mucho de la producción de los insignes colaboradores de DíaD.
Es un contraste interesante en el que se destaca el poder de la palabra en sus diferentes tonalidades y formas de expresar el pensamiento, con un vuelo excepcional.
Con gracia y jocosidad, se abordaron temáticas que han estado en las primeras planas de los diversos rotativos y en las pantallas de las televisoras. También, con tono fuerte, hubo críticas a sectores relacionados con la vida nacional.
Ahora imagino con qué gracia e ingenio podrían abordar el escenario plantado en la Asamblea Nacional durante esta semana, cuando los debates se han dado entre protestas y folclóricas expresiones como el ser mejor “pavipollos” a “gallogallinas” y el “que no da no va”, todas para señalar una determinada conducta política. Expresiones que, no dudo, podrían servir como personajes de innovadores diálogos.
Es una grata vivencia que me ha permitido, además, cosechar conocimientos, experiencias y enfoques con singular estilo.
Cada una de las ediciones en estas cinco semanas las he disfrutado línea a línea. He reído, meditado y algunas veces la franqueza de sus opiniones tan desnudas me ha asombrado.
No podría esperarse menos de quienes se enfrentan cada día al reto de escribir para despertar, sacudir y elevar la sana crítica en cada panameño pensante.
Igual que aquellos entrevistados que sustentaron, recomendaron y han abierto camino en sus áreas, en discusiones de temas que están vigentes y en los que hay mucho que aportar.
A todos mi agradecimiento y respeto. La literatura tiene un sabor especial, que me llevo y seguiré disfrutando.