La sonrisa de Irving Saladino iluminaba su rostro mientras daba un salto inolvidable. Sus pies se movían en el aire y daba la impresión de que caminaba sobre las nubes.
Era un salto mágico que parecía que no iba a tener fin... que llegaría a la gloria... al salón de los inmortales.
Un salto que pasó por encima de una de las "Siete Maravillas del Mundo Moderno", la Gran Muralla China.
Majestuosa, imponente, sólida pared de diez metros de alto y cinco metros de ancho que fue construida para evitar el paso de ejércitos enemigos.
Sin embargo, sobre aquel lugar milenario, siglos de cultura, de filosofía, de luchas, de creencias? el yin y el yang (el bien y el mal) unidos en 7.300 kilómetros de piedras e historia china, pasó volando el orgullo de la provincia de Colón, para al final aterrizar sobre ese metal dorado, que llenó de alegría y felicidad a todo Panamá.