A Florencio Aguilar bien se le puede llamar "el mago". Este entrenador, a quien debemos agradecerle el haber formado a Irving Saladino, tuvo que luchar contra la adversidad para lograr que su pupilo fuese a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Con delicadez y paciencia, y sin los equipos adecuados para entrenar, Aguilar fue puliendo el potencial de Saladino hasta hacerlo saltar 8 metros, 12 centímetros, marca que logró el 10 de julio de 2004, en Bogotá, Colombia, y con la cual se clasificó a los Juegos Olímpicos de Atenas, celebrados en agosto de aquel año.
" Yo soy un atleta natural, voy a competir sin temor a nadie", declaró Saladino una semana antes de su viaje a Atenas, al ser interrogado sobre sus posibilidades de ganar algo en ese entonces.
A la capital griega, el orgullo de Colón llegaba como un desconocido, la fama lo ignoraba, y se negaba a coquetear con él. A aquellos Juegos, el actual campeón del mundo del salto largo asistió sin Florencio Aguilar, quien fue bajado del avión por los miembros del Comité Olímpico de Panamá (COP) que, en ese momento, era comandado por el célebre Melitón Sánchez, el mismo dirigente que le colgó la medalla de oro en la cita olímpica de Beijing 2008.
En Atenas 2004, Saladino quedaría eliminado en la primera fase y se ubicaría en la posición número 18 con un magro salto de 7.42, hecho el 24 de agosto. Desde Panamá, Aguilar y Ricardo Sasso, presidente de la Federación Panameña de Atletismo (FEPAT), denunciaban que el atleta había saltado lesionado, algo que los dirigentes del COP negaban.
Exámenes posteriores se encargaron de confirmar la lesión. Saladino arribó a Atenas el 4 de agosto, y al día siguiente entrenó tranquilo, siguiendo las órdenes que en un papel le había entregado Aguilar, pues Joe Douglas, instructor de Bayano Kamani, quien supuestamente se haría cargo de él, aterrizaría en Beijing el 17 de agosto.
Lo peor para el actual medallista de oro olímpico ocurrió el 6 de agosto cuando entrenando sintió un "pinchazo" en su muslo izquierdo. El médico de la delegación, el doctor Carlos Balcázar, sólo le recetó una pastilla para el dolor.
La noticia corrió como pólvora y llegó hasta los oídos de Aguilar, quien desde Panamá le preguntó cuál era la pierna lastimada. Era la izquierda, precisamente la que utilizaba para volar por los aires.
Después de aquella cita olímpica, Saladino, quien tuvo la osadía de competir lesionado, dijo que iría por la revancha en Beijing y así fue.