Horas antes de disputar el clásico Augusto Samuel Boyd Paredes, segunda joya de la triple corona nacional, en la cabeza del jinete Luis Arango revoloteaba una inquietud: cómo salir airoso de la primera curva.
Con la posición cuatro dentro del partidor automático en medio de un pelotón atestado de una docena de caballos y la velocidad inicial que se esperaba por parte de algunos de sus oponentes, para Arango y su plan de carrera era imperioso salir cerca del paso y lograr la oportunidad de abrirse para acomodarse en la parte exterior de la pista, lo cual supondría una mejor proyección a la hora de atacar para ir en pos del triunfo.
Lo que nadie imaginaba era que el asunto iba a ser tan simple como sucedió en la vida real. En efecto, al momento en el que sonó el timbre que puso en carrera a los 12 equinos que optaban por ganar la segunda joya de la triple corona nacional. Tal como se esperaba, Tomás Gabriel asumió la posición de mando seguido por Ancrisman y Jubilee Queen, que era cabalgada por Luis Arango.
En poco tiempo y con menos esfuerzos de los que se esperaba, a falta de 1,400 metros para terminar el evento Arango y Jubilee Queen estaban justo donde querían: Un poquito más debajo del centro de la pista y a menos de tres cuerpos de la punta. Aunque aún quedaba mucha tela por cortar, la mitad del trabajo estaba hecho.
A ello había que sumar que el paso que llevaban Tomás Gabriel y Ancrisman era sumamente cómodo, lo cual en lugar de ser una ventaja resultaba un factor que más arriba les iba a pesar. Los primeros 400 metros los pasaron en 24.2 y la media milla de 49.2, es decir, que en vez de acelerar había bajado la marcha.
A falta de 700 metros de recorrido, Luis Arango animó un poco a la tordilla que era la única representante de las yeguas en la carrera y esta comenzó a encimarse. Más atrás - en un error táctico- trataba de avanzar Santo Rosso que se había quedado cerca de los tres primeros, pero no lo suficiente como para poder llegarles a la hora de la verdad.
Jesús A. Barría, el jinete de Tomás Gabriel, seguía en su plácido viaje marcando 1:14 los primeros 1,200 metros cuando en un pestañar comenzó a sentir la sombra gris que comenzaba a caerle por pedazos.
En la recta de las soluciones, se puso serio el asunto. A falta de 300 metros para la meta, era evidente que Jubilee Queen tenía cancelado a Tomás Gabriel, que Ancrisman no iba a subir la pendiente y que Santo Rosso venía con buen paso, pero no iba a ser suficiente.
Arango no dudó en pisar el acelerador y Jubilee Queen se encargó de marcar el último tiempo parcial: 1:41.1 para la milla. Todo estaba decidido. La yegua prevalecía sobre los machos y terminó midiendo los esfuerzos de estos. La misión fue cumplida en 1:55.1, nada malo si se toma en consideración que fue una carrera en la que hubo más mañas que fuerza.
Aunque parezca una rareza, esta carrera se ganó en los primeros 400 metros. Una estrategia bien planteada, algo de fortuna y el poder indiscutible de esta potranca nos pone a soñar otra vez.
Es muy posible que no sea tan fácil ganar el clásico Internacional del Caribe o algunas de las cinco carreras que ponen la serie como lo fue esta vez para Jubilee Queen, pero de lo que no debe haber dudas es que este año sí tenemos con qué.