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El sepelio del Señor Bocón


Me ha tocado el honor de ponerle el último clavo al ataúd del Señor Bocón. No piensen que me refiero al juguete que ha sido el deleite de varias generaciones. No, en lo absoluto. Estoy hablando de la versión empeorada que en los últimos años ha gravitado en el ámbito hípico.

Este Señor Bocón, al verse en estado de vagancia permanente, inicialmente se desempeñó como usurero hasta que un día se le ocurrió la desgraciada idea de poner un micrófono frente a su bocota. Allí vino la debacle.

Como el Señor Bocón es inculto, comenzó a utilizar el micrófono, primero como instrumento para hacerse notar, y después como arma para lesionar reputaciones e irrespetar a medio mundo.

 

Inmerso en su ignorancia, pensó que había ganado la simpatía de la comunidad, pero lo que no sabía era que el micrófono es como un espejo y no hace más que reflejar lo que somos. En su caso, se evidenció que es atorrante, torpe y patoso.

Pero el Señor Bocón quería más. ¡Es que el sujeto tiene aires de grandeza! No le bastaba un micrófono, necesitaba sentirse poderoso y allí decidió buscar un puesto como “autoridad” dentro del engranaje hípico.

Para ello, difamó a quien pudo, mintió como un miserable, se arrastró como una culebra y llegó al extremo de meterse con quienes tienen más espuelas que él. Finalmente su ineptitud lo traicionó, metió la gamba y, como era de esperarse, cayó al precipicio.

 

Hace poco lo enterraron. Según la autopsia las causas del deceso del Señor Bocón fueron múltiples: estrechez mental, neuronas atrofiadas y envenenamiento tras morderse la lengua que usó de manera alocada, cual fémina de cascos ligeros. ¡Descanse en paz, Señor Bocón!


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586321
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América