Con elegancia, Octavio Paz nos convence de que la animalidad sexual del hombre puede transformarse en delicado erotismo, que no por delicado deja de ser ardiente. Cómo no estar de acuerdo con él cuando afirma que el erotismo es la metáfora de la sexualidad. Nos lo deja claro: la cópula letal de la mantis sagrada; el fugaz apareamiento del gallo; la salvaje, insaciable multirevolcadas de los leones, no parecen tener el menor asomo de erotismo, es simple y llanamente sexualidad animal. Instinto. Bendita la victoria del hombre sobre el animal. Lo que llamamos "el coco", o sea, lo que puede añadir el cerebro a la actividad sexual, es lo que nos hace diferentes. Tal vez por eso nos recompensa la naturaleza y podemos hacer el amor en cualquier momento, cualquier época, cualquier minuto en que las parejas sientan activarse el misterioso magneto de los cuerpos. En nosotros ya no se impone la razón de la sobrevivencia de la especie; ahora se trata de la felicidad inigualable que brinda el coito.
Pero ¿qué es el erotismo? Para mí un juego, una invención humana que trasciende el instinto y produce extraños fulgores y estremecimientos. Está comprobado que, sobre todo la mujer, no puede ocultar un aura de felicidad tras un satisfactorio combate erótico. ¿Y nosotros? No sé los efectos que tendrá en ti, pero yo me siento panteísta, confundido con el universo en un Nirvana de felicidad, con los ángeles y los demonios y con el arte? en paz conmigo.
Superada la sexofobia de las religiones, el hombre puede gozar en libertad y sin tapujos del sexo. Salpicando un poco de erotismo se multiplica el gozo. El roce suave, las palabras sin máscaras (llamadas groseras para los que son capaces de condenar palabras), enervan y preparan los cuerpos para la bendición final, total.
Fue una suerte para mí leer "Las mil y una noches", versión de adulto, hace setenta años (y no me volví loco), y a Henry Miller hace cincuenta años (y casi me vuelvo loco). Estos libros me enseñaron que se puede escribir con libertad del sexo: "Mi vida sexual ha sido muy rica y no veo por qué debía dejarla fuera de mi obra", declara el risueño Miller, y yo, que siempre me ha dado por imitar lo que me gusta, lo vitoreo.