Para aquellos jóvenes que creen que la rebeldía nació con ellos –o con su generación–, vale la pena traer a colación la figura de Roque Javier Laurenza.
¿Quién fue Roque Javier Laurenza? Nada menos que quien desnudó al emperador, tal como en el cuento. Bastó una conferencia en el Instituto Nacional, enero de 1933, para que quedaran al descubierto las partes pudendas. ¿Y quién era el emperador? Los poetas de la generación republicana.
Laurenza no se conformó con hacerles crítica de forma, la hizo también de fondo, y una de las críticas más certeras fue que rehuían su ser tropical. Por ejemplo, se quejó de quienes, siendo negros y no habiendo vivido en otro lugar que no fuera Panamá, hablaban solo de níveas pieles y nevadas montañas. En contraposición con esta postura, Laurenza festeja que Rogelio Sinán y él mismo busquen hundirse en el trópico y vencerlo en su propia entraña.
¿Y qué tiene que ver esto con el sexo, prometido tema de hoy? Nuestro himno nacional reza en una estrofa que me resulta significativa: Es preciso cubrir con un velo del pasado el calvario y la cruz. Ese velo “decente”, desde mi punto de vista, también lo pusimos sobre el sexo, ¿o no?; los panameños tendemos a esconder cualquier tópico problemático. Y los vanguardistas tuvieron que extremar las medidas para que la verdad saliera a la luz, para que nos viéramos tal como somos. Veamos.
Rogelio Sinán ganó en 1977, con su libro “La Isla Mágica”, el mayor galardón de nuestro país, el Premio Ricardo Miró. El libro toca situaciones de zoofilia, infidelidad y promiscuidad. Para algunos, es un libro escandaloso. Pero sin duda es exacto: refleja mucho de lo que ocurría –y ocurre– en rincones ocultos de nuestra sociedad.
El verde inacabable, el calor que nos lleva a aligerar nuestras ropas y la mimetización casi forzosa con la exuberante selva, según muchos, convierten a las personas del trópico en los seres más sexuales de la humanidad. Tal vez lo que Laurenza quiso decir con su conferencia es: Oye, ustedes no son nórdicos, ni frígidos anglosajones, ustedes son gente tropical. Métanse en el mismísimo centro del asunto y descubran qué es eso.
Sinán, muy decidido en este asunto, no rehuía tocar el tema. Una vez describió los recuerdos de su vida con una larga fila de palabras que incluían términos abiertamente sexuales. Y en más de uno de sus cuentos, escondió figuras fálicas y coitales.
¿No te convenzo con esta argumentación? El siguiente domingo aportaré más pruebas. Hasta entonces.