Aristides Martínez Ortega no se equivocó cuando, en sus tiempos mozos, decidió abrazar la literatura como una razón de vida. Unas cuatro décadas atrás, viajó a Chile, el país maestro, como él le llama, con la convicción de hacerse especialista en literatura general.
En el ínterin, tuvo la oportunidad de codearse con algunos de los poetas más importantes de Chile y del continente, como Pablo Neruda (q. e. p. d.) y el ahora nonagenario Nicolás Parra, con quien todavía conserva una amistad intacta.
Ya graduado como licenciado en Filosofía con especialización en Literatura General, regresó al terruño en donde ha sembrado y compartido sus conocimientos en escuelas y universidades, además de servir al país en diferentes cargos públicos, entre los que se puede destacar la dirección del Instituto Nacional de Cultura (INAC).
Su hoja de vida es vasta en producción y ejecutorias. Pero, a pesar de sus 75 años, parece que no todo está escrito sobre la vida de este panameño, puesto que desde el jueves pasado asumió otra elevada responsabilidad como Académico Numerario de la Academia Panameña de la Lengua, en donde ocupará, nada más ni nada menos, la silla que, en su momento, atendieron dos eximios letrados como Octavio Méndez Pereira y Rodrigo Miró.
¿Qué representa esto para este hombre de trato fino y buenos modales que ha escrito cinco libros, publicado artículos en medios nacionales e internacionales y que recibió dos condecoraciones del Gobierno de Chile?
Las respuestas se obtuvieron a través de un diálogo delicioso y en un terreno donde el profesor Martínez se mueve como pez en el agua: la Facultad de Humanidades.
[díaD]: ¿Cuéntenos la historia sobre su llegada a la Academia Panameña de la Lengua?
AM:Durante muchas administraciones de la Academia, se me había invitado a formar parte de ella. Primero cuando era directora Elisie Alvarado de Ricord (q.e.p.d.), luego Pablo Pinilla, quien fue mi profesor en la escuela primaria y prologó mis primeros poemas, y después con don José Guillermo Ros-Zanet. Ahora Berna Burrel y los otros académicos miembros volvieron a proponerme la posibilidad, así que acepté el honor.
[díaD]: Este es el tipo de distinciones que la gente no rechaza porque se considera como un privilegio ser miembro de la Academia, ¿por qué se negó anteriormente?
AM:En verdad, no acepté antes porque mi literatura- mis poesía- es un poco antiacadémica, así que me sentía un poco incómodo de que iba estar allí dentro de esa institución que cuida el idioma, que trata de preservar la corrección en su uso, mientras yo aprecio mucho que se respete la libertad lingüística, del habla para expresar mi poesía, y consideraba que era un poco contradictorio. Ahora ya este concepto de academia ha cambiado, no solo en Panamá, sino en todo el mundo. Y aquí estoy de académico.
[díaD]: ¿Considera este nombramiento como un reto?
AM:No representa ningún reto, yo tengo casi toda mi obra escrita. He publicado cinco libros, dos de ensayos y tres de poemas, además, he publicado en diarios nacionales y extranjeros. Yo fundé una revista cuando estuve en el Instituto de Estudios Nacionales, en la que se presentaron investigaciones académicas. Tuve el honor de que el Gobierno de Chile me concediera la medalla Pablo Neruda y la Gabriela Mistral.
[díaD]: ¿Un antiacadémico en la Academia?
AM:Antiacadémico en el sentido de mi poesía. En las otras producciones, como mis ensayos y trabajos de investigación, respeto el lenguaje.
[díaD]: ¿Qué llevará usted de nuevo a la Academia Panameña de la Lengua?
AM: Esto hay que tomarlo en serio. Se viene hablando de la poca corrección que hay en los medios de comunicación y de los individuos en el uso del lenguaje. Hace poco leí que se hicieron unas pruebas a algunos aspirantes a ocupar cargos en la Corte y que salieron con notas bajas. Los estudiantes llegan con muchas deficiencias. Esa es una tarea en la que vamos a tener que participar todos: Gobierno, empresa privada, los docentes, todos debemos participar. Creo que la Academia ya está empeñada en llevar adelante una campaña para que la gente vuelva a hablar y escribir bien.
[díaD]: ¿Usted ha enumerado quiénes, qué tal si nos revela, según su criterio, el cómo?
AM: Yo ayudaré a la Academia en todo lo que pueda. Mi especialidad no es la Academia, sino la literatura, pero igual tenemos que ver con la incorrección. Hay en la Academia varios miembros que están trabajando, y yo pretendo sumarme.
[díaD]: La gente de a pie ve la Academia y a sus miembros como algo muy elevado, no se sienten identificados con ella. ¿Cómo conciliar la dinámica del mundo con esta aparente rigidez?
AM: La lengua es algo vivo. El mismo concepto de la Academia ha cambiado un poco en este aspecto. Por ejemplo, el diccionario hispanoamericano en el que se recogen los términos locales que se emplean en cada país y que serán sumados, gracias al interés que se ha visto para elevar el nivel de corrección.
[díaD]: ¿Se siente emocionado?
AM:Yo tengo 75 años, ya no me emociono como antes. Como he dicho, ya me habían ofrecido ser miembro de la Academia Panameña de la Lengua y ellos estaban presionando para que yo aceptara, y así lo he hecho.
[díaD]: ¿Por qué el discurso que pronunció al momento de aceptar el cargo versó sobre Rodrigo Miró?
AM:Voy a ocupar una silla muy importante, la de Rodrigo Miró, a quien yo defino como el gran ordenador. A él le debemos todo lo que tiene que ver con la formalización y ordenamiento de los trabajos de nuestra literatura. Él (Miró) reemplazó a Octavio Méndez Pereira, y ahora la cátedra la tengo yo. Por lo tanto, esa silla que ocupó Rodrigo Miró es la de mayor prestigio que se puede tener. Esto me emociona porque él fue mi maestro cuando me interesé en la literatura; fue muy generoso siempre en cuanto a proporcionarme datos e información para que yo trabajara. El discurso fue sobre la importancia de la obra de Rodrigo Miró en la literatura panameña.
[díaD]: Usted es catedrático de la Facultad de Humanidades de la UP. ¿Cómo cataloga a los estudiantes de la Escuela de Español? ¿Hay interés por estudiar el español?
AM:No lo creo realmente. Estamos en una sociedad consumista, por tanto, el interés de la gente es estudiar profesiones que le proporcionen ingresos para adquirir bienes. Se piensa en el becerro de oro. El ser humano se ha deshumanizado. Por tanto, no creo que haya un gran interés por estas tareas que son un tanto altruistas y no producen mayores beneficios económicos.
[díaD]: ¿Es difícil conciliar la literatura con el trabajo académico?
AM:El interés por la literatura ha bajado. Antes había más interés. Ahora los autores panameños se leen entre ellos, pero eso de buscar sus poetas, conocer su historia se ha perdido. Los que lo hacen es por obligación académica, porque tienen que entregar algún trabajo, pero no se siente que el público esté buscando la literatura, no creo. Eso se debe a todo ese volcamiento a lo material, a lo económico, a lo crematístico, a eso se debe todo. El hombre valora menos la riqueza espiritual y está concentrado en lo material.
[díaD]: Conocemos de su afinidad con Chile por haber estudiado allá y también porque fue objeto de dos importantes distinciones del Gobierno de ese país. ¿Algo especial que quisiera referir sobre el particular?
AM: Es el país que tiene la literatura más seria y profunda. Yo fui a estudiar allá porque las universidades chilenas, en lo que a mí me interesaba que era la literatura, eran las mejores del continente. Estaba en lo más alto. Allí me nutrí de una manera extraordinaria. La formación con la que llegué allá, a pesar de que venía del Instituto Nacional en sus mejores momentos, estaba por debajo de los chilenos que estaban mucho, pero mucho más adelantados. Los poetas con los que hice relación y amistad, todos eran de una sólida formación, muy por encima de cualquier otra parte. A mi regreso, había en Panamá un ambiente de mucha más calidad, el cual se ha perdido. Había tertulias de escritores y se hicieron publicaciones importantes. Ahora mucho de eso se ha perdido.
[díaD]: ¿Satisfecho?
AM:Sí. Estoy satisfecho con lo que he hecho y logrado hasta ahora. Yo he estado trabajando toda la vida. Esto no quiere decir que hasta aquí llega todo, tengo cosas inéditas; ahora veré si hay posibilidades de publicarlas. Preparo un libro muy audaz.