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El taxi que nunca solicitamos

Una inconmensurable cantidad de gotas de agua rebotan sobre el techo como balas de ametralladora. El aristocrático sol no aparece todavía porque debe esperar a que la


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Una inconmensurable cantidad de gotas de agua rebotan sobre el techo como balas de ametralladora. El aristocrático sol no aparece todavía porque debe esperar a que la madrugada muera; es hora de despertar. Como todos los días, esperan el tranque, la agitación del trabajo y la alocada carrera por sobrevivir. Lo normal, los obstáculos de siempre. Lo que uno no espera es encontrarse con el primero de ellos en el umbral de su casa.

Al fastidio que de por sí representa salir de casa poco después de las 5 a.m. y bajo un torrencial aguacero, se sumó la presencia sospechosa de un vehículo atravesado en la entrada de la casa, de tal manera que apenas permitía sacar el auto.

Como no es usual encontrarse con algo así en la casa de uno, lo que se imponía era inspeccionar. Descubro que se trata de un “diablillo amarillo” con ventanas polarizadas en extremo. La tapa del motor está ligeramente abierta, lo cual permite observar que no contiene la batería. Las cuatro puertas tienen seguro, pero una ventana a medio abrir en la parte derecha trasera, permite advertir que este “selectivo” no cuenta con los asientos de atrás y, lo más tenebroso, es la presencia de un hoyo que conecta el espacio sin los sillones con el maletero del auto. ¿Secuestro?

Ante esta aparente escena del crimen y el inconveniente de tener ese inmenso obstáculo enfrente y bajo el aguacero, lo pertinente es llamar a la Policía.

Así se hizo y tras varios intentos, 12 horas después se dieron su vuelta por el lugar. Antes, nos habían advertido de “no tocar nada”, en vista de que habíamos amenazado con empujarlo hacia el centro de la calle para que no siguiera obstruyendo el paso.

La primera roda policial solo miró. Insistimos con las llamadas y cerca de la media noche, una patrulla junto a una grúa con sirenas y todo, vino por el misterioso auto.

De este incidente hace un año y medio. Sin embargo, resulta difícil olvidarlo porque desde entonces ese taxi está estacionado en un cuartelito de policía del sector y por lo visto, nadie lo ha reclamado.

La semana pasada amaneció otro carro en el mismo lugar, menos sospechoso, pero igualmente inquietante. Menos mal que a media mañana, con todo y que caía otro aguacero, apareció su dueño y se lo llevó, pero la verdad es que ya no estamos para esos sustos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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